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Revista R - Ecuador. n. 1
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la segunda fase de la revolución ciudadana el socialismo de rafael correa tránsito amaguaña
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número 1 abril-junio de 2009
R, revista para un debate político socialista
número 1, abril-junio de 2009 quito, ecuador
Los artículos firmados reflejan el punto de vista de sus autores Ilustraciones: fotografías de Susana Anda, de la serie Grotesque, lo bello y lo siniestro (¡gracias, Susana!), excepto el retrato de Tránsito Amaguaña, tomado del trabajo de Cecilia Miño Grigalva: Entrevista con Tránsito Amaguaña. Portada: Asustada, de Susana Anda Contraportada: Cuando me ven, de Susana Anda Correspondencia, colaboraciones, opiniones, críticas, sugerencias, dirigirlas a: R.la.revista@gmail.com Editor: Mario Unda
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R número 1
en este número Fernando López Romero
Sobre el socialismo de Rafael Correa (Un intento de aproximación), p. 5
Mario Unda
Hacia la segunda fase de la “revolución ciudadana”
Reflexiones después de las elecciones del 26 de abril, p. 17
Elizabeth Rivera y Floresmilo Simbaña
Rosa Elena Tránsito Amaguaña Alba, una revolucionaria En reconocimiento de sus 100 años de vida, p. 33
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Presentación En tus manos, el número 1 de la R, escrito en momentos en que las elecciones del 26 de abril ponían fin a la primera fase de la “revolución ciudadana” –la de la disputa de la hegemonía. A partir de agosto entraremos en la siguiente fase (el ejercicio de la hegemonía). Así que presentamos dos reflexiones que nos permiten ir situando esos nuevos escenarios, en los que deberán actuar los movimientos populares y la izquierda, y para enfrentar los cuales deberá buscar orientaciones más ciertas que las que se ha dado hasta ahora. Nuestro afán es contribuir a esa reflexión y a esos debates. Presentamos también un artículo sobre Tránsito Amaguaña, en reconocimiento de una vida que fue un canto de lucha, y que seguirá viviendo en los afanes presentes y futuros de las búsquedas revolucionarias.
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Fairy, de Susana Anda
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Sobre el socialismo de Rafael Correa (Un intento de aproximación)
Fernando López Romero
Fetiche, de Susana Anda
“A nadie en el siglo XXI se le puede ocurrir eliminar la propiedad privada de los medios de producción, también rechazamos los cambios violentos. Las armas son los votos, sus ejércitos son los ciudadanos. Ya el materialismo dialéctico quedó para la historia” (Rafael Correa, sdpnoticias.com, Luis Onofa, Corresponsal, abril 26 del 2009).
Este artículo no es un balance electoral, su pretensión es distinta. Trata de acercarse, a través de hechos y de las declaraciones de Rafael Correa, a un conjunto de problemas políticos relativos a la construcción del Socialismo. Pretendemos un pequeño abreboca y una brevísima cartografía histórica y política antes de
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introducirnos en la problematización y en los debates teóricos, e históricos, que nos conduzcan a buscar nuestro camino hacia lo que constituye el caudal de esperanza para la humanidad entera en este momento dramático de la historia: la construcción de formas de organización económica y social no capitalistas, en el marco de una declarada apuesta por la única alternativa que consideramos viable: la planificación socialista de la economía en una sociedad democrática en la que sean los creadores de la riqueza quienes, en igualdad de condiciones, la gestionen colectivamente. Eso solamente será posible si deja de ser una minoría de capitalistas la que controle la economía de la sociedad, es decir cuando sea eliminada la propiedad privada capitalista de los medios de producción.
Del dicho al hecho… Domingo 26 de abril. Al hacerse públicos los resultados de las elecciones presidenciales en Ecuador, el reelecto Presidente Rafael Correa declaró que “había que profundizar el socialismo”. El 13 de mayo siguiente, en la Comunidad Indígena de La Chimba, durante los funerales de la dirigente indígena Tránsito Amaguaña, Correa se comprometió a reparar las injusticias históricas cometidas contra los indígenas. Pero, en el intermedio, el 30 de abril, haciendo un hueco en su apretada agenda, visitó el Cantón Palanda, en la provincia amazónica de Zamora Chinchipe, donde se habían suspendido las elecciones de autoridades locales para el siguiente domingo 3 de mayo, de importancia crucial para el resultado final en una provincia donde indígenas y campesinos libran una dura resistencia contra la actividad minera. La visita no fue realmente para apoyar a los candidatos de su partido, quienes tenían muy pocas opciones de ganar, sino para atacar al dirigente indígena Salvador Quishpe, uno de los dirigentes de la lucha contra las mineras, y de esa manera favorecer al candidato rival, Delgado, uno de los caciques derechistas de la zona y muy ligado a la “partidocracia”. Sin embargo, el 3 de mayo, contradiciendo la corriente mayoritaria en el país, Palanda respaldó a Salvador Quishpe, quien ganó la Prefectura, afirmando la fuerza en varias localidades del Movimiento Pachakútik. Este episodio revela la contradicción más profunda de Correa con el campo popular, lo que le ha llevado a un abierto enfrentamiento con indígenas, campesinos y ambientalistas, por su empecinamiento en impulsar la extracción minera “responsable” como fundamento de un modelo de acumulación estatal que permita romper la dependencia petrolera y aportar los recursos para las políticas sociales. Más de lo mismo que se dijo en los años setenta para justificar entonces la explotación petrolera. Este acuerdo profundo con las transnacionales mineras, que fundamentalmente las beneficia a ellas, se parece demasiado a la negociación realizada con el magnate mexicano Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del planeta, propietario de Porta, la mayor empresa de telefonía celular del Ecuador. Así que precedentes existen. Hace poco, René Ramírez, el Zar de la Planificación, declaró que el Plan Nacional de Desarrollo tendrá una primera etapa primario exportadora. Al buen entendedor, pocas palabras: al buen vivir llegaremos por el tortuoso camino trazado por las transnacionales… En el campo popular, en filas de su propio partido, y entre sectores de la burguesía ciudadana, los seguidores de Correa, unos más entusiastas que otros por concepciones e intereses variados y complejos, han reafirmado su adhesión a un proyecto que entienden de diversas maneras y en el que todavía todos caben. En el otro terreno, la derecha más reaccionaria, cuya expresión política electoral más importante después del 26 de abril es el Coronel Lucio Gutiérrez, rechina los dientes.
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Correa tiene un marco muy diverso de seguidores. Están con él muchos desempleados y sub empleados, amas de casa, estudiantes, campesinos, indígenas, empleados públicos, pequeños empresarios, profesionales, obreros porque consideran, en general, que “es el único que ha cumplido”. Sectores de la pequeña burguesía profesional y propietaria lo ven sobre todo como su representante ético e intelectual frente a la prepotencia de la oligarquía de Guayaquil y de la derecha financiera, como una especie de superhéroe ilustrado “que les dice las verdades y les calla la boca”. Pero también están con Correa, y su número ha crecido, muchos políticos de derecha, jóvenes y viejos, “ilustrados” y no tanto, muchos de los cuales hasta ayer nomás eran fervorosos defensores de las bondades del libre mercado, y grandes empresarios ecuatorianos que de socialistas, ni siquiera de los más moderado, nunca han tenido nada, y que desconocemos si les preocupará la radicalización verbal socialista de su representante a partir del 26 de abril, pero que podemos suponer están contentos con sus negocios y apoyan sus ataques a la izquierda no correísta. Entre tanto, los militantes de la “izquierda infantil”, y ahora además “boba”, que carecemos de la lucidez de los seguidores de Correa, y que desconocemos la lúcida estrategia del líder de la Revolución Ciudadana para “avanzar hacia el socialismo”, nos hacemos muchas preguntas mientras nos preparamos para lo que serán batallas importantes y hasta decisivas.
Pistas, evidencias y la importancia del debate Frente al Socialismo de Correa, además de las escasas, cortas y dispersas alusiones al tema, las evidencias que tenemos para nuestro análisis son otras. Fueron, entonces, los resultados del 26 de abril el marco triunfal para que Correa refuerce su discurso en torno al socialismo. Ya la visita a Cuba en meses pasados, y luego la Cumbre de los Movimientos Sociales en Belem, sirvieron como escenario para declaraciones sobre el Che, la unidad de América latina y otros temas, que lograron fuertes adhesiones internacionales. Sin embargo, el socialismo como tema no apareció sino en forma marginal en la campaña electoral, y sobre el tema Correa no dijo nada, porque basó su campaña en su propia persona, llamando al pueblo a que le otorgue un nuevo voto de confianza para continuar con los cambios, en medio de frecuentes alusiones patrióticas. No obstante, en la conciencia de amplios sectores de la población, el socialismo fue un tema subyacente, comprendido de distintas maneras en el marco de la práctica y de la experiencia social y política de las masas, en una banda que va desde la esperanza y la adhesión hasta el miedo de los sectores más influenciados por la derecha empresarial y política más cerril y reaccionaria, pero en realidad, todavía sin debate. Unos cuantos liberales ultra ortodoxos, tipo Democracia Cristiana, ven en Rafael Correa un socialista autoritario enemigo, de las libertades, entre ellas la de expresión, enemigo del capital extranjero y de la propiedad privada. El socialista Diego Delgado llegó a prohibir a Correa declararse socialista, en un gesto evidentemente propagandístico que no le otorgó mayores réditos electorales. Pero, en medio de la más seria crisis del capitalismo, el socialismo se está transformando en una preocupación cada vez más fuerte en los sectores de la izquierda social y política ecuatoriana que no están embarcados en el Arca de Noé de la Revolución Ciudadana. Como no me parece útil para el debate, negar de partida, como lo hace Diego Delgado, la ideología socialista de Rafael Correa, pienso que es necesario aceptar, de buena fe, la profesión de socialismo que ha hecho antes y que ahora ha vuelto a expresar, más allá de la enorme ignorancia revelada en cuestiones 7
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fundamentales. Por eso, una condición previa para el debate es colocar el marco histórico general de las tendencias y experiencias más importantes del socialismo en los siglos XIX y XX.
Una cartografía histórica mínima Una discusión, o siquiera planteamiento del socialismo, que pretenda un mínimo de seriedad, no puede pasar por alto que ningún análisis de las experiencias socialistas del pasado, especialmente de las del siglo XX, puede pasar por alto las condiciones históricas en medio de las cuales se desarrollaron. Ya Marx y Engels, en el cada vez más actual Manifiesto Comunista de 1848 (si creen que exagero, léanlo o vuélvanlo a leer), plantearon la existencia en esa época de varios socialismos. Siglo y medio después, para un acercamiento previo a la cuestión podemos referirnos a tres grandes tipos de socialismo en el siglo XX y lo que va del XXI, entendiendo como tales no solo a corrientes políticas sino también a las experiencias históricas de transición. 1) Los socialismos no atribuibles al pensamiento de Marx, desarrollados en el siglo XIX, especialmente las experiencias y teorías de los grandes pensadores utópicos; 2) las experiencias del siglo XX, que fueron llevadas adelante por organizaciones políticas que asumieron una inspiración en el cuerpo de pensamiento teórico inaugurado por Marx, y que fueron desarrolladas en distintas direcciones y variantes por sus continuadores, entre los que contamos a grandes pensadores de la historia y la política, como Lenin, Trotsky o el truncado Che Guevara, y a otros más cercanos al evolucionismo positivista de inspiración socialdemócrata, como José Stalin; y, 3), los llamados socialismos nacionales, que van desde los africanos hasta la experiencia yugoeslava. Entre las experiencias inspiradas en la crítica de Marx al capitalismo y en su llamado a luchar por una sociedad socialista, es imprescindible ubicar las experiencias soviética, china, y la cubana, identificadas, especialmente las primeras, como modelos de socialismo “nacional”. El soviético por reconocimiento expreso de José Stalin en 1926 cuando proclamó, contra la tradición internacionalista del marxismo (que había sido mantenida viva ante la traición chauvinista de la inmensa mayoría de la Segunda Internacional en 1914 por Luxemburgo, Lenin, Trotsky), su tesis del “Socialismo en un solo país”, fundamento para justificar su dictadura burocrática y el comportamiento de la URSS como gran potencia. La China maoísta devino rápidamente en la misma dirección. Para el debate que nos ocupa sobre las experiencias de transición socialista del siglo XX, las más importantes de la historia, solo por señalar algunas pequeñísimas cuestiones, es indispensable recalcar que compartieron varios problemas: Se construyeron en medio del predominio de la Ley de Valor (recordemos solamente el famoso debate que se produjo en Cuba entre el Che Guevara y Ernest Mandel con Bruno Betelheim en los primeros años de la Revolución). Fueron procesos revolucionarios en sociedades atrasadas, que se desarrollaron en una época caracterizada por el más impresionante desarrollo científico, tecnológico y del capitalismo. Fueron procesos signados por la guerra y la agresión imperialista, y en el caso de Rusia y Cuba., inmediatamente después del triunfo fueron amenazados por la contrarrevolución interna. En Rusia la contrarrevolución fue apoyada por la intervención militar de las principales potencias del mundo capitalista, que derivó en una cruenta Guerra Civil que agotó a la clase obrera revolucionaria, lo que facilitó el ascenso del estalinismo. Luego vinieron la colectivización forzosa y las purgas
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estalinistas, la invasión alemana en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. En el caso de Cuba, la intervención imperialista ha significado casi medio siglo de bloqueo con todas sus secuelas negativas, especialmente económicas y políticas. Estas tres grandes experiencias históricas se produjeron en el marco de sociedades atrasadas en el concierto mundial, por lo cual se enfatizó en el desarrollo de las fuerzas productivas, la extensión de los derechos sociales (salud educación fundamentalmente) y afirmación de la independencia y soberanía nacional. Las tres devinieron tempranamente, desde condiciones históricas distintas, en sistemas políticos de partido único. Cuba se mantiene como un referente de internacionalismo solidario, en tanto que la URSS y luego China se transformaron en nacionalismos chauvinistas de grandes potencias. En la URSS y en China esta forma de régimen político devino en procesos de contrarrevolución burocrática, en la URSS hasta su derrumbe, y de recomposición capitalista en China. En Cuba, en el marco de la persistencia de las conquistas revolucionarias fundamentales, y en medio de la debilidad económica, el bloqueo y la derrota, entre los años sesenta y los noventa, de otros movimientos revolucionarios, se ha producido una fuerte desviación hacia el burocratismo y un debilitamiento de las formas de democracia socialista existente en los primeros tiempos de la revolución. Los llamados socialismos africanos (Nkrumah en Ghana, Ben Bella en Argelia) y la llamada autogestión en Yugoeslavia han expresado otro tipo de procesos históricos que se reclamaron como socialistas. Los africanos, en la búsqueda de una alternativa al capitalismo y a las vías soviética y china luego de la independencia nacional; y la experiencia de Yugoeslavia, como intento de unidad de un Estado Plurinacional y de afirmación de la independencia frente al tutelaje soviético. Especialmente los primeros pueden ser atribuidos a una perspectiva que no venía de las ideas de Marx. La experiencia histórica que se planteó como modelo para otros es la del llamado “socialismo” de los países capitalistas del norte de Europa, en los que, sin afectar a la gran propiedad privada capitalista ni salirse del marco de la Ley del Valor, manteniendo por tanto intacta la explotación asalariada, y sin abandonar su papel como estados imperialistas (Suecia especialmente), se extendieron los beneficios sociales (salud, educación, subsidios).
El socialismo del siglo xxi El llamado político a la construcción de “un socialismo del Siglo XXI” lo hizo el Presidente venezolano Hugo Chávez en el año 2006, en medio de los procesos de auto organización de sectores obreros y populares. En esta dirección, Venezuela ha avanzado con algunas reformas como nacionalizaciones, creación de un instrumento político partidario, y con retrocesos como la derrota del referendo de diciembre del 2007. Más que una fórmula definida con claridad sobre las características de un régimen económico y social específico, en las todavía escasas definiciones de Chávez y las aproximaciones remotas de Correa, el Socialismo del Siglo XXI es hasta el momento una suerte de búsqueda de un camino propio en el marco de una ampliación de la independencia nacional y de la extensión de los beneficios sociales, pero sin afectar la propiedad privada capitalista, con una reforma política realizada a través de procesos constituyentes, y con una fuerte participación del Estado en la economía, recuperando bienes nacionales y en alianza con un sector de la burguesía. Pero como cuerpo de ideas, el Socialismo del Siglo XXI se ha vinculado con las propuestas del profesor alemán H. Dieterich, quien se atribuye la creación del 9
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concepto en 1996 “junto a algunas otras cosas”, en sus propias palabras. También se considera el autor de la “teoría de la transición latinoamericana”, plasmada en conceptos como el de Bloque Revolucionario Popular. El interés de una aproximación a las ideas de don Dieterich es establecer alguna relación, no con lo que hace Hugo Chávez, sino con las ideas y acciones de Rafael Correa. Más que un ejercicio intelectual, esta es una necesidad política. Uno de los planteamientos centrales de Dieterich es que el capitalismo puede ser derrotado sin mucho esfuerzo, para arribar a una sociedad socialista. El socialismo que proclama Dieterich se emparenta en un solo aspecto con el de los maravillosos utopistas del siglo XXI (maravillosos de verdad, especialmente Fourier) y es en su negativa de la lucha de clases como fuerza motriz de la historia, aspecto en el que se identifica con un Rafael Correa, diferenciando en esto de Hugo Chávez y de Evo Morales. Negar la lucha de clases no significa solamente despojarnos del aspecto central del método de análisis dialéctico de la historia y de la política, grave asunto ya si solo intentáramos ser “analistas”, sino desatender la cuestión central de la lucha política, la cuestión del poder. El método que propone Dieterich no es el método dialéctico que entiende a la sociedad como una totalidad contradictoria y en movimiento. Su método, por confesión propia, es el del “razonamiento científico con los [principios] de la solidaridad y la convivencia social pacífica”, lo que lo relaciona con los utopistas del siglo XX y nos lleva a preguntarnos: ¿Dieterich se ha enterado por casualidad en qué mundo vive? Dieterich niega la necesidad de una crítica radical del capitalismo. Considera que el “sujeto enajenado” solo puede remediar su situación dentro de la sociedad burguesa en un tipo de convivencia cualitativamente diferente (¿al de la sociedad burguesa?) como es la democracia participativa. Esta idea huele más a un llamado de cualquiera de los tantos sacerdotes laicos que predican la importancia de la superación personal y la autoayuda, que a la de un luchador por el socialismo. Dieterich considera la lucha de clases como “comparable a una lucha en una jauría de perros por una presa que no alcanza para todos” ¿Acaso la plusvalía que genera el trabajo no alcanzaría para todos? ¿Entonces estamos condenados a producir más? ¿O tal vez solo es necesaria una mejor distribución del plus producto sin terminar con la explotación del trabajo por el capital, para que alcance un poquito más? Todo esto no es nuevo, es viejo reformismo puro. La perspectiva de Dieterich es la de “la nueva civilización de la democracia participativa”, cualitativamente diferente. Como consejo a Hugo Chávez (¿se lo habrá pedido Chávez?) resume el paso al socialismo como la democracia participativa más la equivalencia, estableciendo una contabilidad socialista, basada en el valor dentro del Estado y de la economía comunitaria, al lado de la contabilidad capitalista, fundada en el precio, para constituir un circuito económico de producción y circulación paralelo al capitalismo. Así, la economía estatal y social puede desplazarse hacia la economía del valor ganándole terreno a la economía de reproducción capitalista hasta reemplazarla. En esto juegan un papel importante el Estado y las mayorías. Al calor de la experiencia histórica ¿es lícito preguntarse si el Estado puede cambiar por mera evolución su contenido de clase? Dieterich propone una economía mixta en oposición a la nacionalización completa de los medios de producción, y el gradualismo en lugar de la revolución. “Generar este circuito paralelo de la economía del valor (...;) con el desarrollo de un software respectivo sería fácil establecer este circuito económico socialista al lado del capitalista. Sin este paso a la economía de equivalencia, no hay posibilidad de tener una economía socialista”. 10
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Dieterich propone entonces una “teoría” de la transición del capitalismo al socialismo sin ruptura histórica y sin lucha de clases, por medio del desarrollo de una economía de equivalencia con el software adecuado (¿lo entendí bien?) que permita que el circuito del valor (Estado más cooperativismo) desplace al circuito capitalista del precio (Uff, al final creo que logré resumirlo). Muy difícil entender lo que propone y más difícil lidiar con ello. Pero, a pesar de todo este baratillo, inofensivo en realidad para la dominación capitalista y más bien útil para desorientar las luchas sociales, Dieterich es considerado todavía por la derecha un peligroso ideólogo socialista, en tanto que entre la izquierda más o menos orientada nadie se toma ya en serio sus elucubraciones, que aquí se han expuesto como una referencia posible con el pensamiento de Rafael Correa ¿Se puede pensar en alguna relación con la propuesta de Correa de una economía popular solidaria? Por supuesto que sí, sin que esto signifique necesariamente afirmar que Rafael Correa se haya inspirado en Dieterich. Quizá es solo pura coincidencia ideológica de los dos distinguidos académicos, el uno multiuso y el otro experto (qué cosa más extraña y singular aquella de que las condenadas ideologías, declaradas muertas hasta hace poco en la mayor parte del lúcido mundo académico, coincidan o se confronten, ¿no les parece?) en economía ambiental.
Las variantes Correa del socialismo del siglo XXI Es muy difícil juzgar todavía las ideas de Correa sobre el socialismo del Siglo XXI. Por cortas, dispersas, todavía generales y confusas, están mucho más cercanas a una perspectiva liberal que al socialismo de los trabajadores y al marxismo. Es mucho más apropiado analizarlo por los hechos de su gobierno, y, en ese ejercicio, preguntarnos cuáles medidas son de tipo socialista o se orientan en esa dirección. La cuestión de si se puede avanzar hacia el socialismo desde una reforma capitalista, no es nueva sino el sueño dorado del reformismo y no ha llevado a buen puerto en ninguna parte. Todo lo contrario, nada más nefasto en la historia que las revoluciones hechas a medias; casi todas han terminado en baños de sangre para los trabajadores y los pueblos. A la luz de la experiencia ecuatoriana, lo más importante es definir las tareas políticas y organizativas de los socialistas anticapitalistas, de los que seguiremos luchando cuando la Revolución Ciudadana sea un recuerdo del pasado. Nuestro debate no debe centrarse solo en las formulaciones ideológicas generales, sino en la teoría y en la experiencia histórica. Lo específico de la propuesta de Correa puede ser analizado este momento en relación con lo ocurrido en su gobierno, donde se han expresado con claridad dos cuestiones: Una visión estratégica cercana a la idea de la revolución por etapas: una etapa con tareas nacionales y democráticas, en las que la reestructuración del Estado “luego de la larga noche neoliberal” es crucial, y otra etapa con tareas de corte socialista. Este podría ser el sueño casi realizado de muchas antiguos izquierdistas en el interior de Alianza País. Y otra visión estratégica que no se acerca de ninguna manera siquiera a una idea de ruptura con el capitalismo, sino al neo desarrollismo, sobre la fórmula de un crecimiento económico endógeno (modelo primario exportador, de sustitución de exportaciones, desarrollo científico y tecnológico, economía de servicios) integrado en forma complementaria en Latinoamérica y en una política multilateral de relaciones económicas en el mundo, para avanzar a partir de allí en un proceso de 11
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redistribución de riquezas, con el Estado como la Prima Donna del concierto. Se trata, como lo han dicho los jerarcas de Alianza País, de construir una sociedad de propietarios, una versión posmoderna de una vieja aspiración pequeño burguesa. El proyecto, en cualquiera de sus dos variantes, se asienta en cuatro palancas: 1. La alianza con empresarios nacionales, los “burgueses ciudadanos”, que producen para el mercado local de bienes y servicios, pero que también están fuertemente insertados en el mercado internacional. En la vieja tradición reformista de izquierda, esa sería la versión ecuatoriana de una burguesía nacional que se distancia de las políticas neoliberales ultra ortodoxas, y que necesita de “su Estado” como representante interno y externo. No llega a tanto mi atrevimiento como para afirmar, ni de lejos, que esta burguesía ciudadana tenga algo de antiimperialista o democrática. 2. Fortalecimiento del aparato estatal para: 1. Restablecer un régimen legal (institucionalidad y Estado de Derecho); 2. Regular la economía; 3. Organizar y ejecutar la redistribución de una parte de la riqueza por medio de subsidios e inversiones sociales (agro, salud, educación) 4. El fortalecimiento de sectores económicos estratégicos en sociedad con el capital transnacional, especialmente en minería, infraestructura de transportes y telecomunicaciones (¿trasnacionales canadienses, chinas, brasileñas?) 5. Representación del conjunto de la nación “La patria (nación) ya es de todos”. 3. Reforma política y construcción de un sujeto político ciudadano, es decir policlasista o a-clasista, articulado en forma subordinada al liderazgo del Presidente y al Estado. 4. Una política internacional que apuesta a una inserción en el mundo multi polar que se ha constituido en los últimos años. En ese marco, las relaciones con China e Irán, y el juego del gobierno en los procesos en marcha de integración latinoamericana, confrontándose con Colombia como la amenaza desestabilizadora más seria del proceso, definiéndose con claridad por la línea de la UNASUR como espacio no estrictamente comercial sino económico y político, y de una OEA sin los Estados Unidos. Luego de muchas vacilaciones, el Gobierno ha decidido, bajo presión de Venezuela, insertarse en el Alba; ¿qué va a pasar con el Banco del Sur? Solo basta especular un poco para asumir que la primera variante (la de la revolución por etapas, con votos y bailando un zapateado contra el obsoleto Materialismo Dialéctico mientras canta Hasta Siempre Comandante , como lo ha declarado ese teórico sin igual de la revolución revolucionaria llamado Rafael Correa, y sobre la izquierda boba e infantil) la respaldaría la izquierda del partido verde, y que con la irrealizable variante nórdica (algo parecido al “Estado de Bienestar”) estaría la derecha ciudadana, siempre que Correa mantenga el apoyo popular y que ninguna reforma toque sus intereses. Correa se mueve entre las distintas variantes de acuerdo a las necesidades, a pesar de que los resultados electorales le habrían radicalizado, según declaración propia. Pero el análisis de las variantes Correa del Socialismo del Siglo XXI debe detenerse en dos cuestiones centrales. La primera es de carácter teórico e ideológico, y la segunda es de carácter político y estratégico. En lo primero, anteponer, como lo hace Diego Delgado, Socialismo vs Socialismo del Siglo XXI, descartando de plano a esta propuesta, es inadecuado, por decir lo menos, porque no contribuye a lo que interesa en primer lugar: a un debate político profundo. La propuesta socialista debe referirse a los grandes conflictos de nuestro tiempo (y resolverlos), y debe ser llevada adelante por las fuerzas revolucionarias de hoy, fuerzas reales y no imaginadas o deseadas. 12
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Creo que nos corresponde plantear una propuesta programática para la apuesta por un cambio revolucionario de la sociedad. Las variantes Correa deben ser confrontadas con lo que debería ser un Programa del Socialismo para hoy; si se quiere llamarlo de alguna manera: para un Socialismo en el Siglo XXI, como creación histórica colectiva de un sujeto revolucionario de las clases trabajadores y de los pueblos, que desarrolle la siguiente propuesta: 1. Abolición de la propiedad privada capitalista de los medios de producción. 2. Respeto por la propiedad privada familiar y la propiedad comunitaria de los indígenas y de las comunidades ancestrales. 3. Propiedad estatal de los bienes nacionales estratégicos. 4. Independencia nacional y soberanía plena en el marco de una integración socialista latinoamericana. 5. Democracia plena sustentada en formas de gobierno y de autogobierno de los productores (trabajadores) 6. Reforma Agraria integral. 7. Un modelo económico que, en armonía con la naturaleza, satisfaga las necesidades fundamentales de la población. Lo anterior coloca como cuestión estratégica fundamental el tema del poder, partiendo de definir sobre cuál base social y política puede asentarse un proyecto de transformación radical de nuestra sociedad.
¿Qué significaría no tocar la propiedad privada de los grandes medios de producción? La declaración explícita de Rafael Correa de no tocar la propiedad privada de los medios de producción exige reflexionar y dar una batalla de ideas en torno a lo siguiente: 1. Que la propiedad privada de los grandes medios de producción existe históricamente por el despojo por parte de una minoría de los recursos, propiedades y bienes de la mayoría. Es la base en la que se asienta el poder que esa minoría ejerce sobre toda la sociedad, y es ella la que permite la explotación del capital sobre el trabajo, la fuente del desempleo, la inseguridad y la miseria. 2.La propiedad privada de los medios de producción permite el funcionamiento de la Ley del Valor-Trabajo con sus secuelas de: a)producción social privatizada que no está orientada a la solución y satisfacción de las necesidades humanas, sino a la búsqueda y satisfacción del beneficio privado individual; b) la búsqueda del beneficio individual como finalidad suprema que ha conducido a la explotación, angustia y miseria de la mayoría de la humanidad y a la destrucción criminal de la naturaleza. 3.La eliminación de la propiedad privada capitalista de los medios de producción permitirá la nacionalización de la economía, es decir el paso a la propiedad nacional de los sectores estratégicos como el petróleo y las telecomunicaciones, que permitirá: a) recuperar la soberanía nacional; b) precautelar del despilfarro los bienes nacionales, y evitar que los recursos no renovables sean puestos en beneficio privado; c) la protección de la naturaleza con un aprovechamiento distinto de los recursos que privilegie el interés social; d) reducir o eliminar el desastre del intercambio desigual. 4. Mantener la propiedad privada significa no realizar la Reforma Agraria, único camino para: a) restablecer la justicia en el campo, entregando la tierra a
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quienes la trabajan, vieja demanda histórica de los campesinos y los indígenas; b) cambiar la producción agropecuaria capitalista que contamina la naturaleza, encarece el precio de los alimentos, es causante de epidemias y pandemias, y permite la dependencia de las grandes transnacionales productoras de agro químicos; c) la reforma Agraria permitirá restituir las tierras de los indígenas y los campesinos, asegurar un mayor empleo, reducir el horror que significa para la mayoría la vida en nuestras ciudades. Una Reforma Agraria no puede separarse de la cuestión del agua. Frente a ella no podemos ser vistos solo como consumidores, sino como propietarios de un bien. Debe haber una redistribución social radical, es decir profunda, del uso del agua.
Algunas consideraciones sobre la cuestión estratégica central En la historia y en la política, la cuestión central es la cuestión del poder. En Ecuador, una fracción burguesa, la más pro imperialista y reaccionaria, ha perdido terreno y una parte de su poder político y económico, pero no ha sido derrotada; ha sido cuestionado fuertemente su poder cultural, expresado en la ideología neoliberal, y en la credibilidad de la jerarquía religiosa y de los medios de comunicación, pero mantiene intactas todavía las bases de su poder económico basado en el control de la banca y del comercio exterior, de la tierra y de la industria; ha sido debilitado su poder político por la crisis de sus partidos y gremios y la pérdida del gobierno central y de sectores importantes de los gobiernos locales, y no tiene por ahora poder militar. El gobierno tiene un fuerte apoyo social, aunque inorgánico y sin claridad programática, cuenta con el apoyo de un sector de la clase dominante, alianzas externas con gobiernos latinoamericanos, un acuerdo con las “otras” transnacionales, y con el control de una parte del Estado. Ninguna transformación socialista podrá hacerse si no se juntan las tareas democráticas con medidas programáticas de carácter socialista. En Ecuador, eso significa radicalizar la democracia, desarrollar formas de organización y de auto organización del campo popular: pequeña burguesía propietaria, trabajadores asalariados, campesinos, indígenas, lo que implica construir otras formas de poder que modifiquen la relación de fuerzas de manera decisiva. Estas tareas democráticas pasan por la cuestión de los gobiernos indígenas. Es imposible llevar adelante una transformación democrática sin la reforma agraria, sin tocar al capital financiero y a la gran propiedad capitalista, es decir sin una intensa lucha de clases, que no pasa solo por el terreno electoral ni es una cuestión que pueda resolverse en el marco solo nacional. La propia composición de clase de su partido y del gobierno expresan no solo las dificultades futuras posibles, sino la enorme distancia existente entre declaraciones socialistas de cualquier clase y la realidad. Solo por considerar otros procesos: en Bolivia, Evo Morales se sustenta en los sectores sociales organizados y movilizados, en los “movimientos sociales”, no ha tomado la distancia ideológica, orgánica y política de Rafael Correa. En Venezuela, antes, durante y después del golpe de abril del 2002, se han desarrollado importantes procesos de organización popular. En Ecuador, con un discurso contra el “corporativismo”, más liberal que socialista, la postura del gobierno es abiertamente hostil, especialmente con el movimiento indígena y los campesinos antimineros: esa es fundamentalmente la “izquierda infantil y boba”.
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Hay una entrevista de hace pocos días, aparecida en INTERNET el 20 de mayo pasado, en la que Rafael Correa declara a Tadeu Breda, de la Revista Diagonal, que “No hay democracia en Ecuador pese a tener elecciones” y que “Los cambios y revoluciones en una sociedad dependen de la correlación de fuerzas. Con este espaldarazo que tuvimos el domingo, podemos profundizar mucho más nuestra revolución”. Habría, si pensamos en esta entrevista y en otras, donde se menciona claramente al poder popular, por lo menos un instinto estratégico claro, pero el carácter de clase de este gobierno y su énfasis en una reforma estrictamente capitalista, antes del 26 de abril y luego, dicen otras cosas. ¿Se puede derrotar al capitalismo con un ejército de ciudadanos que disparan votos, cada dos o cada cuatro años en la dirección que les propone su líder? ¿Existe algún precedente histórico que sustente esta pretensión? En Nicaragua, en 1990, los votos de los ciudadanos votaron contra la revolución sandinista por rechazar la corrupción de Ortega y su círculo. En Chile, las elecciones de marzo de 1973 ampliaron la base política de la Unidad Popular y del Gobierno de Salvador Allende, lo que en medio de la ausencia de un doble poder decidió al pentágono y a la burguesía chilena por el camino del golpe de estado contrarrevolucionario. Si no hubiese el peligro cierto de conducirnos a una tragedia, si en realidad se pretenden transformaciones profundas, esta idea de los ciudadanos vestidos de verde que disparan votos n pasaría de ser otra ingenuidad propia de pequeñoburgueses inventores del agua tibia en alguno de tantos cursos de posgrado. Pero en forma más directa, a propósito de la declaración de Rafael Correa a Luis Onofa, hay que preguntarse: ¿es posible construir una sociedad socialista sin tocar la propiedad privada de los medios de producción? Ni siquiera en Suecia ¿El Estado (institucionalidad, “Estado de derecho” o como se lo quiera llamar) está realmente fuera de las clases? ¿Ha habido alguna vez en la historia de la Humanidad revoluciones de terciopelo? ¿Las clases propietarias han cedido alguna vez uno solo de sus privilegios sin luchar a muerte? Merece un espacio la pretensión de Rafael Correa, nada nueva, para variar, de enterrar al Materialismo Dialéctico, aunque debo confesar que desconozco qué mismo entenderá por Materialismo Dialéctico el líder de la Revolución Ciudadana. Un pequeñísimo detalle: atacar, ignorar o pretender enterrar a la dialéctica supone ignorar que los más importantes descubrimientos de la física y de las ciencias naturales de los últimos dos siglos más bien la reafirman: la Teoría de la evolución, las teorías del caos, de la ubicuidad, de la complejidad, el mapa del genoma humano, la física del plasma..., pequeñeces que debería conocer cualquier persona medianamente informada, y que por lo visto debemos sugerir sean introducidas en los seminarios de inducción de la Universidad de Lovaina. ¿O quizás Rafael Correa lo que pretende es tratar como a perro muerto al Materialismo Histórico? (el rollo es que hasta aquí hay siempre que adivinar…) Si así fuera, solamente se pretende eliminar la lucha de clases, la acumulación capitalista, la teoría de la plusvalía, el carácter de clase del Estado, la teoría marxista de las crisis capitalista, en fin… La idea de una democracia participativa de los ciudadanos (esos que disparan votos cada dos o cada cuatro años) debe ser pensada con profundidad. Estos ciudadanos tendrán en el Estado su interlocutor y su representación, en el marco de la peligrosa ilusión de que no existen las clases sociales; estos ciudadanos se organizarán en la circulación y como consumidores, no como productores y generadores de riqueza. Esta concepción está presente en el rechazo del Gobierno a todo lo que llaman corporativismo; por eso el ataque a las organizaciones 15
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independientes de indígenas y de trabajadores. Estamos frente a la concepción más liberal posible de la democracia.
Los peligros desde la derecha Volviendo a cosas mucho más serias, si los votos son las armas para profundizar los cambios que Correa propone, esto plantea varios problemas. Hay un porcentaje significativo de esas armas que no están en el bando de Correa, y que en su mayoría corresponden a la derecha, y solo un pequeño porcentaje a sectores de la izquierda política y social colocada en oposición a Correa. Ese voto de la derecha no es solo un voto de la clase media ultraconservadora, clasista, racista y pro yanqui, es también de sectores populares indígenas, campesinos, pequeños propietarios, es decir, de sectores que deberían estar con las tesis del gobierno. De esta masa, hay un voto cautivo de la derecha que será muy difícil ganar: sectores muy influenciados por sectas e iglesias y adscritos a una ideología militarista y conservadora. La pregunta es: esas balas-votos, ¿para dónde van a disparar? Pero también en la votación de la Revolución ciudadana hay mucha diversidad. Se debe distinguir entre los compañeros de camino y los votos más firmes que se identificarían con un programa transformador más radicalizado. Se debe considerar también que la estructura de la fuerza política de Correa es electoral y que difícilmente serviría en otro escenario de confrontación para la lucha política y social. Junio 2009
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Hacia la segunda fase de la “revolución ciudadana” Reflexiones después de las elecciones del 26 de abril
Mario Unda
En silencio, de Susana Anda
Las elecciones del 26 de abril cierran con un nuevo y amplio triunfo el período abierto con la victoria de Rafael Correa en la segunda vuelta de 2006: se afirma entonces la nueva hegemonía de reforma capitalista expresada en el gobierno de
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Alianza País y, con ello, se configura y se revela el nuevo marco de relaciones de fuerzas. Se cierra así la primera fase de la “revolución ciudadana” 1.
1. El triunfo de Correa Quizás por la demora en la entrega de los datos finales completos, quizás por la atención fija en la presidencia, lo cierto es que la mayor parte de lecturas que se han hecho de este proceso electoral han extraído sus conclusiones básicamente de los resultados para la presidencia. Esas cifras muestran, por un lado, el amplio triunfo obtenido por el gobierno y, por otro lado, las vías de recomposición de la derecha tradicional. Resultados nacionales %
Total
Hombres
Mujeres
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
51,99 3.584.979 1.779.506 1.805.473
PSP
LUCIO GUTIERREZ
28,24 1.947.227 976.427
970.800
PRIAN
ALVARO NOBOA
11,40 786.339
393.652
392.687
RED/MIPD MARTHA ROLDOS BUCARAM
4,33
298.710
103.118
195.592
MTM
CARLOS SAGNAY DE LA BASTIDA
1,57
108.224
55.178
53.046
MTF
MELBA JACOME
1,35
93.252
38.334
54.918
MITS
DIEGO DELGADO JARA
0,63
43.395
24.714
18.681
MIJS
CARLOS GONZALEZ ALBORNOZ
0,49
33.823
18.609
15.214
Tomado de www.cne.gov.ec, al igual que los cuadros que vendrán en las páginas siguientes. Dadas las diferencias notables entre los candidatos que ocuparon los dos primeros lugares respecto a los otros, en lo siguiente nos remitiremos a los datos comparativos de la votación de Correa y de Gutiérrez.
En efecto, Correa ganó en primera vuelta, con casi el 52% de los “votos válidos” 2. Un hecho así no se había producido en el país desde que la constitución de 1978 estableció la necesidad de una segunda vuelta electoral si ningún candidato superaba el 50% de la votación. Reformas posteriores establecieron la salvedad de que la segunda vuelta sería innecesaria si el candidato triunfador superaba el 40% de los votos válidos y lo distanciaban de su inmediato seguidor más de 10 puntos porcentuales. Tampoco eso había ocurrido. Pero ahora las votaciones le dieron a Correa más del 50% de votos y una diferencia de 24 puntos sobre Lucio Gutiérrez. Cabría recordar que en las elecciones de 2006 Correa quedó segundo en la primera vuelta con algo menos de 23% de la votación contra casi un 27% de Noboa; en la segunda vuelta, Correa obtuvo 56% contra 43% de Noboa. Pero otro dato más significativo es la pérdida acelerada de credibilidad y respaldo de los últimos gobiernos elegidos; Sixto Durán Ballén (el último elegido en completar su mandato antes de la elección de Correa) culminó su período con una credibilidad de 9%; Bucaram, luego de tan sólo 6 meses, contaba al caer con el respaldo de apenas el 7%); Mahuad llegó al 6% luego de la crisis bancaria. Quizás la única excepción haya sido 1
Desde diferentes ángulos y con distintos argumentos, varios analistas consideran que estas elecciones cierran un ciclo político de transición. Véase, por ejemplo, Pablo Ospina: “El fin de la transición”, CEP, Quito, mayo de 2009. 2 La legislación electoral ecuatoriana considera “votos válidos” a los que se pronuncian positivamente por algún candidato (u opción puesta a consideración); los votos en blanco y los votos nulos se consideran “no válidos” y no cuentan para los resultados de la elección. En adelante, nos referiremos a los votos válidos, excepto cuando se indique lo contrario. 18
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Lucio Gutiérrez, cuya popularidad a la baja se recompuso en algo luego de su enfrentamiento con Febres Cordero (y su alianza con Noboa y Bucaram) 3. De manera que el triste consuelo de la derecha no sólo carece de fundamento, sino que raya en el ridículo; según ellos, Correa debería considerarse prácticamente perdedor porque, tratándose de un presidente en funciones que contaba con todos los recursos del poder, obtuvo apenas un poco más del 50%. “Hay esperanza”, titulaba el periodista de oposición Carlos Vera su editorial del 30 de abril en el diario El Comercio, repitiendo argumentos que había expresado en un panel televisivo en Teleamazonas, conducido por Jorge Ortiz (otro periodista opositor), el mismo día de las elecciones. “Aquí bastaron 6 meses: el 11% que apenas rechazó la tesis de Correa por el sí en noviembre pasado [se refiere al referéndum aprobatorio de la nueva Constitución, M.U.] se cuadruplicó –creció cuatro veces más– en contra de sus propuestas y continuidad durante estas elecciones. ¡Casi 48% del Ecuador no está con Correa! Fíjense que ni siquiera digo en contra; simplemente no vota por él (y eso considerando solo votos válidos). Extraordinario. Repunte inédito. Eso es lo verdaderamente histórico en estas elecciones y no el festejo histérico de unos cuantos acólitos celebrando el triunfo en primera vuelta de un candidato, como si el Ecuador fuese candidote al ignorar su abuso del poder; el uso del avión presidencial para visitar varias provincias en un día; la violación de cualquier restricción legal, sin pedir licencia para el cargo ni prescindir de su sueldo. Aunque no se lo exigiese la Constitución, se lo imponían la ética que tanto pregona y el decoro del cual –es obvio- carece. Ganar así es una vergüenza. Que solo 1% más de la mitad de los ecuatorianos vote por Correa, y no lo hagan el 70% que aprueba su gestión ni el 63% que cree en su palabra, es alerta esperanzadora.” . http://www.elcomercio.com/solo_texto_search.asp?id_noticia=176576&anio=2009&mes=4&dia=30
De este modo, Correa y Alianza País lograron un amplio respaldo para la continuidad de su proyecto político, que reafirma en las elecciones su carácter hegemónico –más aún si consideramos el amplio respaldo obtenido entre los sectores populares. Sin embargo, también es cierto que la “revolución ciudadana” ha perdido adherentes, si comparamos las elecciones del 26 de abril con las elecciones para conformar la Asamblea Constituyente; entonces, Alianza País llegó a obtener una cómoda mayoría, mientras que hoy necesitará acuerdos y alianzas con otras agrupaciones para asegurar la mayoría en la nueva Asamblea Nacional. Y cierto es que encuentra dificultades para expandirse a nivel de los gobiernos locales, a pesar de alianzas más bien oportunistas con caudillos locales provenientes de todas las gamas del espectro político. «‘Partidocracia’, la base y eje del movimiento gobiernista», titulaba El Universo el domingo 29 de marzo de 2009: “Decenas de candidatos a alcaldes, prefectos y asambleístas inscritos en el movimiento gobiernista PAIS son de la 3
Alejandro Moreano sostiene que en el Ecuador existe una base constante de una conciencia antioligárquica; y es probable que esta haya sido la causa del repunte en la imagen de Gutiérrez, pues la gente identificó al partido Socialcristiano con la oligarquía durante una buena parte de este período iniciado con el retorno a la constitucionalidad en 1978-79, a tal punto que incluso figuras que normalmente concitan alto rechazo (como Bucaram y Noboa) pudieron aparecer como alternativas a la “trinca oligárquica” (“Pueblo contra oligarquías”, “Pueblo contra trincas”: tales, en efecto, los lemas de los primeros populismos ecuatorianos, allá por los años de 1950 y 1960). 19
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criticada “partidocracia”. Son caudillos en sus provincias. Empresarios o dirigentes, que al menos en un 90% están entre las personas de mayor poder económico en sus localidades. Y, aunque estuvieron vinculados a los partidos Roldosista, Social Cristiano, Sociedad Patriótica y Prian, a los que el presidente Rafael Correa denomina “partidocracia”, hoy son candidatos por el movimiento gobiernista, PAIS”. Lo propio ocurrió con antiguos militantes o adherentes de los partidos y movimientos de izquierda, MPD, socialistas, Pachakutik, aunque la lista es menos numerosa. http://www.eluniverso.com/2009/03/29/1/1355/224DEBE813E74BACA6EE756E496781F5.html
Alianza País obtiene 10 de las 24 prefecturas provinciales (entre ellas las de Pichincha y Azuay), y 71 de las 221 alcaldías (entre ellas las de Quito y Cuenca); pero pierde la prefectura del Guayas y la alcaldía de Guayaquil (a pesar de que Correa gana tanto en Guayas, con 44,6%, como en Guayaquil, con 40,8%). Por fin, el escaso apoyo obtenido por la izquierda extragubernamental y por la antigua centroizquierda deja ver que, por ahora al menos, Correa ha logrado absorber casi toda la representación electoral de esas corrientes en el espacio nacional (a nivel local las cosas sin embargo son distintas). Hacia adelante se vislumbra una estabilización de la “revolución ciudadana”; parecería que las únicas nubes en el horizonte las proporcionará la crisis mundial.
2. La recomposición de la vieja derecha Las elecciones, así como mostraron la vigencia de la nueva hegemonía del capital, dejaron ver las vías de recomposición de la vieja derecha que, por el momento, parecen reducirse a dos: por un lado, la representación imperfecta y tolerada en Lucio Gutiérrez; por otro lado, los intentos de constituir un movimiento electoral “ciudadano” de derechas. El garrote al servicio de las oligarquías… Lucio Gutiérrez obtuvo más votos que cuando pasó a la segunda vuelta electoral para derrotar a Álvaro Noboa en el 2002, y tuvo votaciones muy altas en la Amazonía (región en la que triunfó en 4 de las 6 provincias, incluyendo las zonas petroleras del norte amazónico) y en las provincias de la sierra central, en algunas de las cuales superó a Correa. Consolida, así una base tanto social cuanto territorial, aspecto de importancia geopolítica, lo que debe ser tomado en cuenta, considerando la formación militar de Gutiérrez y la reciente experiencia del boycot de la media luna boliviana a Evo Morales. Sin embargo, es mucho decir que Gutiérrez haya quedado posicionado como la figura principal de la oposición. La derecha había estado actuando unificada desde inicios de este gobierno, y profundizó sus acuerdos durante la Asamblea Constituyente. Si las ambiciones particulares no le permitieron presentar un candidato único para la presidencia, era evidente que al final trataría de evitar el triunfo de Correa en una sola vuelta y se volcaría a favor del más opcionado entre ellos. Y resultó ser Gutiérrez, beneficiado entonces del “voto útil” conservador; conque buena parte de su votación es prestada. Dos datos pueden servirnos como ejemplo. Primer ejemplo: en las últimas semanas, las encuestas más serias mostraban una caída constante de la intención de voto por Noboa, al mismo ritmo que se incrementaba la de Gutiérrez: el trasvase era evidente. Segundo ejemplo: Gutiérrez obtuvo en la provincia del Guayas cerca de 30% de la votación; su lista de asambleístas, en cambio, apenas sacó 6%. Allí, en las 20
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elecciones para asambleístas, la alianza PSC-Madera de Guerrero 4 –que no había presentado candidatos a la presidencia– lideró la votación con casi 35%. También acá la transferencia de votación es clara. Por otra parte, los éxitos de Sociedad Patriótica, el partido de Gutiérrez, se vuelven más modestos si atendemos a la conformación de los gobiernos locales, e incluso de la Asamblea, pese a que constituirá la segunda fuerza parlamentaria. De cualquier manera, Gutiérrez se beneficia de un voto popular no despreciable. Su alta votación en las provincias de mayores índices de pobreza y más abandonadas estuvo acompañada por una votación significativa en las parroquias urbanas de mayor presencia popular. Probablemente esté recogiendo dos tipos de votación diferente: por una parte, entre los sectores más pobres del campo y de las ciudades (una porción, aunque importante, minoritaria, pues la mayoría ha votado por las candidaturas del gobierno). Por otra parte, entre capas de la pequeña burguesía “informal” de las ciudades, tanto de sus segmentos bajos como de los medios. Luego de las elecciones, Gutiérrez ha utilizado un lenguaje de fuerte confrontación. Pese a las grandes diferencias de votos, ha insistido en que hubo fraude, se ha negado a reconocer los resultados y ha amenazado con movilizaciones sociales, su gente ha participado, junto a socialcristianos, prianistas y roldosistas en verdaderos shows televisivos denunciando supuestas manipulaciones de resultados 5, y luego ha anunciado que nombraría un “gabinete en las sombras”. “El ex candidato opositor Lucio Gutiérrez amenazó con desconocer y resistir en las calles al gobierno ecuatoriano si no se repiten las elecciones” pues, según él, en ellas hubo fraude. http://www.elcomercio.com/noticiaEC.asp?id_noticia=276364&id_seccion=3, lunes 11 de mayo, 15:21.
“Hemos convocado a formar un gran frente de unidad nacional, hemos convocado a formar un gabinete en la sombra, de tal manera que presente propuestas, alternativas para resolver los grandes problemas del país”, dijo Gutiérrez en entrevista a Ecuavisa el 19 de mayo. (http://www.eluniverso.com/2009/05/19/1/1355/F627E8B74B7443C8BA91DAC66891CDB3.html). Si de desestabilizar se trata, Gutiérrez puede sin duda contribuir con la empresa. Ese es el capital que Gutiérrez pone en juego para negociar con las oligarquías; a fin de cuentas, él quiere mostrarse como el único capaz de defender sus intereses colectivos frente a cualquier propuesta de cambio. Tiene votos y tiene una organización política nacional, cosas, ambas, en las que la derecha y la burguesía neoliberal resultan deficitarias. Estas elecciones muestran que su oferta será aceptada si el antiguo bloque de poder no consigue dotarse de algún instrumento propio. Aceptada y bendecida; ¡cómo no mencionar el público respaldo que a su candidatura
4
Madera de Guerrero es un movimiento creado por el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, socialcristiano, para participar en estas elecciones presentando una cara apartidista. 5 El 8 de mayo incursionaron, junto al canal Teleamazonas, en un supuesto “centro clandestino” donde, decían, se estarían manipularndo los datos electorales; pero que resultó ser un “centro de contingencia” del Consejo Nacional Electoral, cuyo funcionamiento era de conocimiento público (http://www.ecuadorinmediato.com/noticias/104272). 21
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diera el arzobispo de Guayaquil, Antonio Arregui, cabeza del Opus Dei, recibiéndolo nada menos que en la propia catedral! “El candidato a la Presidencia Lucio Gutiérrez se reunió ayer en la mañana con el monseñor Antonio Arregui y Pedro Medina, representantes de la Iglesia Católica y de los Evangélicos Laicos del Ecuador, respectivamente, en la Catedral de Guayaquil. Ellos le manifestaron el respaldo de esas iglesias a su candidatura, porque comparten con su plan de gobierno”. “Lucio Gutiérrez aseguró que defenderá todos los principios tal como señala las religiones y que serán respetadas en su gobierno. «Este es el compromiso con el pueblo cristiano»”. (El Comercio, sábado 18 de abril de 2009, c1 p. 4). Para los movimientos populares, se trata de un peligro en ciernes: es un proyecto de desarmar y desconstituir la organización social en nombre de los intereses de las oligarquías que gobernaron para imponer el modelo neoliberal. Y que para ello pretende (y puede) usar la movilización social. … o un “movimiento ciudadano” de derechas Pero Gutiérrez es solamente su segunda carta. A fin de cuentas, ni es un elemento salido de sus filas ni es muy de fiar. La derecha podrá auparlo en caso de necesidad, como un garrote a su servicio. Sin embargo, preferirá contar con instrumentos propios. La otra vía posible de recomposición para la derecha es la ensayada en estas elecciones por el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, reelecto con un amplísimo margen. Las formaciones políticas del stablishment, sobre todo aquellas que han sido (así sea intuitivamente) reconocidas como tales por el pueblo, no tienen ya mayores posibilidades electorales, a pesar de cierto repunte experimentado por el partido Socialcristiano, como de costumbre gracias a la fuerte votación obtenida en Guayaquil (y en Guayas); sólo que, como de costumbre, sus resultados en otras provincias son limitados 6. Por otra parte, las nuevas formaciones políticas de derecha quedaron relegadas. Aún cuando obtendrán algún asambleísta, si persisten serán largamente minoritarias; inútiles por tanto, para disputar electoralmente el poder perdido. En cambio, el experimento de Nebot en Guayaquil resultó exitoso: muestra que la vieja derecha puede reciclarse, aparecer como (o junto a) un movimiento “ciudadano”, amplio, centrado en reivindicaciones locales, y recuperar posiciones. La formación para la ocasión del movimiento Madera de Guerrero 7 fue en realidad tentada ya con anterioridad: no es el momento de los partidos, sino de los 6
La legislación electoral permite que en las elecciones pluripersonales, los votantes puedan apoyar a toda una lista (“voto en plancha”, que se dice), a parte de ella, o a candidatos de distintas listas. Siendo así, puede suponerse que el “voto duro” de un partido se expresa sobre todo en los votos “en plancha”. El PSC obtiene el 75,82% de su votación en plancha en la provincia del Guayas; más aún: 64,45% de sus votos en plancha están en la ciudad de Guayaquil. En estas elecciones es quizás la mayor concentración de votos de un partido o movimiento en una sola localidad –claro, es la localidad más poblada, así que el control sobre ella se traduce en una presencia “nacional” más o menos importante aunque en el resto del país sea débil. Después del gobierno de Febres Cordero (1984-1988) el PSC fue perdiendo su carácter nacional, reduciéndose cada vez más a un partido provincial, incluso cantonal: sigue siéndolo. 7 El contenido de fuerte identidad localista es explícito: hace referencia a una canción tradicional muy popular en Guayaquil: “Guayaquileño, madera de guerrero”. 22
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movimientos ciudadanos, decía Nebot antes incluso de las elecciones para la Asamblea Constituyente. Las pujas con la Asamblea mostraron que las identidades locales podían ser eficazmente concentradoras y que podían movilizarse para proteger el dominio político de las derechas. El proceso electoral reciente mostró, además, el afán de colaboración entre las distintas fuerzas de la derecha: si no podían presentar candidaturas únicas, podían, por lo menos, repartirse espacios: Nebot y su movimiento presentaron candidaturas para la alcaldía de Guayaquil y la respectiva lista de concejales; Sociedad Patriótica, en alianza con Uno, se quedan con la prefectura del Guayas para Jimmy Jairala, un ex presentador de televisión que hace poco rompió con el PRE y había formado un movimiento propio, Centro Democrático. Socialcristianos y Madera de Guerrero presentaron listas conjuntas para asambleístas provinciales. El PSC presentó listas para asambleístas nacionales. El PSC parece dispuesto a ceder espacios visibles en bien de los intereses generales de la derecha neoliberal.
3. El carácter social del voto Como en las elecciones anteriores, las clases sociales tendieron a expresarse diferenciadamente. En general, los sectores acomodados se volcaron hacia Noboa y Gutiérrez; los sectores populares votaron mayoritariamente por Correa, pero también lo hicieron en número no pequeño por Gutiérrez. De igual modo, las clases medias parecen haberse dividido fundamentalmente entre Correa y Gutiérrez, aunque Noboa y Martha Roldós obtuvieron entre ellas algún respaldo. Así, por ejemplo, en Guayaquil, aunque la votación de Correa es relativamente menor que en el conjunto del país, de todas formas supera a Gutiérrez con 12 puntos. %
Total
Hombres
Mujeres
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
40,81
450.391
240.735
209.656
PSP
LUCIO GUTIERREZ
28,23
311.545
147.418
164.127
En esa ciudad, en la céntrica parroquia 9 de Octubre, Correa y Gutiérrez quedaron casi igualados, con una ligera ventaja para este último. %
Total
Hombres
Mujeres
PSP
LUCIO GUTIERREZ
36,71
3.747
1.786
1.961
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
35,10
3.582
2.028
1.554
Pero en la parroquia Febres Cordero, lugar de residencia de sectores populares, el triunfo de Correa fue amplio. %
Total
99.190
53.754
45.436
53.639
26.546
27.093
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
43,33
PSP
LUCIO GUTIERREZ
23,43
Hombres
Mujeres
E igual cosa ocurrió en Ximena, también parroquia popular. %
Total
Hombres
Mujeres
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
41,56
102.898
54.654
48.244
PSP
LUCIO GUTIERREZ
26,52
65.674
30.812
34.862
En cambio, en La Puntilla, del vecino cantón Samborondón, donde viven los sectores más acaudalados, la tendencia fue exactamente la contraria.
23
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Total
Hombres
Mujeres
PSP
LUCIO GUTIERREZ
70,70
5.743
2.406
3.337
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
12,22
993
523
470
Las clases dominantes y los ricos votaron masivamente por alguien que les ofrece oficiar de guardaespaldas y rompehuelgas, y defenderlos contra el temido peligro de que la espantable transformación llegue para amenazarlos desde cualquier orilla. Sea o no cierta, una carta publicada el 6 de mayo en el diario guayaquileño Extra expresa adecuadamente de lo que se trata: “Lucio [...] debería saber que miles de ecuatorianos, yo entre ellos, votamos por él, pero no precisamente porque le tenemos mucha simpatía, sino porque creímos que él se había convertido en la principal figura política contra Correa en las recientes elecciones, descartado Álvaro Noboa -quien estimo que hizo una muy pobre campaña- y Martha Roldós, que aparecía como más izquierdista que el mismísimo Correa; y como tuvo como binomio al cura Delgado, era como para asustarse... En La Puntilla (cantón Samborondón) Lucio ganó con el 70% de los votos, porque ese es el porcentaje de la reacción contra Correa entre los que él llama "pelucones". Si asoma otro candidato mejor que Lucio, por él nos iremos”.
Más o menos lo mismo ocurrió en Quito, donde Correa obtuvo un triunfo muy amplio, superando a Gutiérrez con casi 40 puntos. %
Total
Hombres
Mujeres
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
58,08
660.290
318.455
341.835
PSP
LUCIO GUTIERREZ
19,87
225.937
113.125
112.812
En la parroquia Benalcázar, situada al norte de la ciudad (donde hay una mayor presencia de clases medias y sectores “acomodados”), el porcentaje de votos de Correa disminuye sensiblemente, subiendo la votación de Gutiérrez y, más todavía la de Noboa (que no tuvo más de 10% en Quito, pero llega a 17% en esta parroquia). %
Total
Hombres
Mujeres
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
43,64
23.231
10.905
12.326
PSP
LUCIO GUTIERREZ
25,72
13.689
6.670
7.019
Un comportamiento similar se observa en la cercana parroquia de Cumbayá, donde a partir de 1990 se trasladaron sectores de ingresos medio altos y altos. %
Total
Hombres
Mujeres
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
46,68
6.680
3.224
3.456
PSP
LUCIO GUTIERREZ
27,85
3.985
1.939
2.046
Por el contrario, en las parroquias donde predominan los sectores populares, por ejemplo en Chillogallo, al sur de la ciudad, o en Calderón, al norte, zona de expansión popular, la votación de Correa se incrementa claramente, siendo 15 y 18 puntos porcentuales superior a la que obtiene en las parroquias de otra condición social. Chillogallo
%
Total
Hombres
Mujeres
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
61,07
98.533
47.273
51.260
PSP
LUCIO GUTIERREZ
21,69
34.993
17.286
17.707
24
R
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Calderón
%
Total
H
M
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
63,72
29.252
13.850
15.402
PSP
LUCIO GUTIERREZ
16,16
7.418
3.796
3.622
Todavía, como se ve, amplios capas de los sectores populares identifican el cambio con Correa, y eso se ha expresado en un nuevo respaldo electoral. Con esta, ya son cinco elecciones sucesivas en las que, a lo largo de estos últimos dos años y medio, el presidente se ve favorecido con el respaldo popular expresado en las urnas (segunda vuelta electoral de 2006, plebiscito para convocar a la Asamblea Constituyente, elección de asambleístas, referéndum aprobatorio de la nueva Constitución y elecciones generales). Correlativamente, entre las clases dominantes es igualmente evidente la animadversión por Correa, cuyo reformismo es visto, poco más o menos, como el peligro comunista.
4. El voto indígena 8 El voto indígena estuvo en el centro de muchos debates posteriores al 26 de abril. El dato: en las provincias de mayor presencia indígena, la votación de Gutiérrez creció a expensas de la (posible) votación de Correa. “Hablemos claro: importantes sectores indígenas han votado contra el Presidente Correa y las listas de Alianza País, y a favor de Lucio Gutiérrez y las listas de Sociedad Patriótica. Así lo revelan los altos porcentajes de votación obtenidos por Gutiérrez en las provincias de gran población indígena y los triunfos de Sociedad Patriótica en Cañar y algunas provincias orientales. Esto debe analizarse con atención. De una parte, nos muestra la capacidad organizativa de la CONAIE, pero también la desorientación política de su dirigencia, que, al verse marginada del poder, terminó respaldando bajo la mesa a la peor de las opciones políticas, aunque públicamente decía respaldar a Roldós”. Jorge Núñez: “La revolución como praxis”, artículo de opinión en el diario público El Telégrafo el 29 de abril (http://www.eltelegrafo.com.ec/opinion/columnista/archive/opinion/columnistas/2009/0 4/29/La-revoluci_F300_n-como-praxis.aspx).
Una realidad compleja Pero la realidad es mucho más compleja que eso. Como dice Núñez, “debe motivarnos el hecho de que se opongan o resistan a la revolución ciertos sectores sociales tradicionalmente explotados, marginados y excluidos”; pero el camino de la fácil simplificación no ayuda a comprender las cosas porque anula todo examen serio de la realidad. Hablemos claro: no solamente importantes sectores indígenas “votaron contra Correa y a favor de Gutiérrez”. El argumento de la votación de provincias con gran porcentaje de población indígena resulta cuando menos insuficiente si se observan con detenimiento los datos. 1) Esas provincias, como todo el mundo sabe, no están pobladas únicamente por indígenas, y el comportamiento electoral que causa preocupación se produjo tanto en cantones con mayor población indígena cuanto en cantones mayoritariamente urbanos y mestizos. 8
Muchos de los argumentos y ejemplos expuestos aquí nos han sido sugeridos por el artículo “Triunfos y derrotas”, de Floresmilo Simbaña, publicado en El Telégrafo, 30 de abril de 2009 (ver: http://www.eltelegrafo.com.ec/opinion/columnista/archive/opinion/columnistas/2009/04/30/Triu nfos-y-derrotas.aspx). 25
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2) En algunas de esas provincias, como Cotopaxi, Correa triunfa aunque por escaso margen; pero en su capital, Latacunga –de preeminencia mestiza–quedan igualados. Por otra parte, mientras en unos cantones mayoritariamente indígenas perdía Correa, en otros obtenía triunfos relativamente amplios. Y un comportamiento similar se produjo en las parroquias urbanas mestizas. En la provincia de Cotopaxi: %
Total
Hombres
Mujeres
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
45,44
89.628
43.827
45.801
PSP
LUCIO GUTIERREZ
43,98
86.733
43.358
43.375
En Latacunga: %
Total
Hombres
Mujeres
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
43,78
39.528
18.878
20.650
PSP
LUCIO GUTIERREZ
43,56
39.332
18.862
20.470
En las parroquias urbanas San Buenaventura y San Felipe: San Buenaventura Total
Hombres
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
%
45,83
1.253
610
Mujeres
643
PSP
LUCIO GUTIERREZ
44,11
1.206
563
643
Total
Hombres
San Felipe %
Mujeres
PSP
LUCIO GUTIERREZ
45,92
7.114
3.415
3.699
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
41,02
6.354
3.094
3.260
De igual modo, en las parroquias rurales de Toacaso y Mulaló, de mayor presencia indígena: Toacaso %
Total
Hombres
Mujeres
PSP
LUCIO GUTIERREZ
47,48
2.201
1.136
1.065
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
43,87
2.034
991
1.043
Mulaló %
Total
Hombres
Mujeres
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
47,28
2.224
1.009
1.215
PSP
LUCIO GUTIERREZ
43,43
2.043
995
1.048
Consideraciones parecidas podrían hacerse respecto de la provincia de Bolívar. Allí triunfa Gutiérrez, igual que en Guaranda, su capital; pero en parroquias indígenas de ese cantón, gana Correa. Sin embargo, en otros cantones de fuerte presencia indígena, la mayoría favoreció a Guitiérrez. En la provincia de Bolívar: %
Total
Hombres
Mujeres
PSP
LUCIO GUTIERREZ
53,01
48.059
24.681
23.378
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
37,48
33.973
16.810
17.163
26
R
número 1 abril-junio de 2009
En Guaranda: %
Total
Hombres
Mujeres
PSP
LUCIO GUTIERREZ
45,90
18.572
9.719
8.853
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
41,82
16.921
8.452
8.469
En Guanujo, parroquia urbana de Guaranda: %
Total
Hombres
Mujeres
PSP
LUCIO GUTIERREZ
51,51
5.466
2.954
2.512
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
39,75
4.218
2.145
2.073
En Salinas, parroquia rural de Guaranda, de importante presencia indígena: %
Total
Hombres
Mujeres
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
51,17
812
407
405
PSP
LUCIO GUTIERREZ
39,95
634
362
272
Igual que en Simiátug, de similares características: %
Total
Hombres Mujeres
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
62,64
2.066
1.078
988
PSP
LUCIO GUTIERREZ
23,98
791
485
306
Entonces, ¿qué significa esa referencia a los indígenas? Dígase, por de pronto, que parece ser necesario profundizar un poco más los análisis... 3) Por otra parte, en provincias de fuerte población indígena, en las que los resultados fueron muy apretados, como Chimborazo, ocurre que en cantones indígenas en los que Pachakutik obtuvo triunfos (Colta, por ejemplo), la votación de Correa fue porcentualmente más alta que en la propia ciudad de Riobamba, muy poco indígena hasta donde sabemos; además, en otros cantones del país de fuerte presencia de la Conaie (como Cayambe) hay también una alta votación por Correa. En la provincia de Chimborazo: %
Total
Hombres
Mujeres
PSP
LUCIO GUTIERREZ
42,95
93.609
45.876
47.733
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
42,61
92.852
46.762
46.090
En su capital, la ciudad de Riobamba: %
Total
Hombres
Mujeres
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
42,11
48.475
23.669
24.806
PSP
LUCIO GUTIERREZ
39,96
45.991
21.601
24.390
En la parroquia urbana Maldonado: Total
Hombres
Mujeres
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
%
41,24
7.886
3.758
4.128
PSP
LUCIO GUTIERREZ
38,66
7.392
3.376
4.016
En Punín (parroquia rural de Riobamba): %
Total
Hombres
Mujeres
PSP
LUCIO GUTIERREZ
49,66
1.606
797
809
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
38,06
1.231
627
604
27
R
número 1 abril-junio de 2009
Pero en Pungalá, también parroquia rural de Riobamba: %
Total
H
M
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
46,50
1.250
649
601
PSP
LUCIO GUTIERREZ
42,45
1.141
624
517
En Colta, cantón en que por primera vez Pachakutik obtiene la alcaldía: %
Total
Hombres
Mujeres
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
46,70
10.071
5.403
4.668
PSP
LUCIO GUTIERREZ
42,25
9.110
4.846
4.264
En Cayambe (provincia de Pichincha, con una presencia histórica del movimiento indígena desde la década de 1930, pero con una fuerte presencia mestiza en la cabecera cantonal, y desde hace unos años articulada económicamente al negocio de la exportación de flores): Todo el cantón: %
Total
Hombres
Mujeres
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
61,40
24.024
11.576
12.448
PSP
LUCIO GUTIERREZ
22,47
8.792
4.534
4.258
%
Total
Cayambe, la cabecera cantonal: Hombres
Mujeres
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
57,99
13.013
6.280
6.733
PSP
LUCIO GUTIERREZ
22,87
5.131
2.626
2.505
La parroquia Cangahua, mayoritariamente indígena: Total
Hombres
Mujeres
MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
70,05
%
3.237
1.599
1.638
PSP
LUCIO GUTIERREZ
18,59
859
485
374
%
Total
Hombres
Mujeres
Y Olmedo-Pesillo, también de mayoría indígena: MPAIS
RAFAEL CORREA DELGADO
76,76
2.745
1.314
1.431
PSP
LUCIO GUTIERREZ
13,56
485
267
218
Podríamos seguir poniendo ejemplos; basten por ahora los ya indicados. ¿Qué nos dice todo esto? Que no son suficientes las pretendidas explicaciones unívocas, unidimensionales, unidireccionales. Hay muchos factores, económicos, sociales, organizativos, políticos, muchos de índole local que están influyendo en los comportamientos electorales de los indígenas. Que el movimiento indígena es inherentemente diverso, y que, además, está atravesando actualmente por un proceso de diferenciación y de sedimentación de posiciones y tendencias: nada nuevo, claro; sólo que a veces se pasa por alto. Por último, también es cierto que, 4) la votación contra Correa es muy significativa en aquellas provincias a las que pertenecen los sectores indígenas más golpeados y atacados por el régimen (Cotopaxi, Tungurahua); y, 5) que en algunos cantones (Penipe, provincia de Chimborazo), donde el gobierno invirtió muchos recursos y esfuerzos, el resultado le fue ampliamente adverso. 28
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Pero, más allá de lo electoral, la discusión en torno al voto emitido por los indios el 26 de abril sirve de vehículo para un debate sobre la caracterización política del movimiento indígena, un tema que ya venía presentándose desde antes, aunque no con la suficiente profundidad, y que se ha reavivado tras el triunfo de Alianza País en el 2006 y, sobre todo, con las conflictivas relaciones entre el gobierno y la Conaie. Cometamos, por nuestro lado, también el pecado de la simplificación. Se observa, en estos últimos tiempos, un doble origen de este tipo de críticas respecto al movimiento indígena. Por un lado, de políticos e intelectuales izquierdistas que, vinculados o no con sectores anteriormente cercanos al movimiento, han ido perdiendo lazos espirituales y políticos con él, acercándose, en cambio, al “ancho cauce” de la “revolución ciudadana”. Para ellos, el movimiento indígena no es de izquierda, comparado con la “izquierda moderna”, o posible, que se expresa en Correa, porque priorizaría sus intereses y prebendas particulares, de grupo e individuales, se habría vuelto indigenista, se dejaría guiar por el resentimiento y habría perdido la perspectiva general de la transformación. Por otro lado, en cambio, aquellos sectores, igualmente intelectuales y políticos, que se sitúan (o pretenden hacerlo) en las antípodas del proyecto gubernamental. Para ellos, compartiendo algunas de las opiniones ya indicadas, el movimiento indígena habría perdido potencialidades revolucionarias pues habría sucumbido a los cantos de sirena de los proyectos de desarrollo y de la cooptación institucional. A nuestro modo de ver, estas visiones carecen de un análisis real del movimiento real; pero apuntan un debate central. Sólo que, por el modo y la tonalidad con que lo presentan, lo que debería ser el inicio de una discusión es convertido en la clausura sumaria de todo debate. Es necesario reabrirlo para que los prejuicios no terminen por nublar los entendimientos y construyan nuevos fantasmas, que serán enormemente perjudiciales para las posibilidades de transformación social en el Ecuador. Las elecciones de Juntas Parroquiales (14 de junio) En fin, que las elecciones para conformar las Juntas Parroquiales (el 14 de junio) reafirmaron de modo claro el escenario que se dibuja: una disputa cerrada entre la representación propia –principalmente a través Pachakutik– y dos representaciones ajenas que pugnan por convertir al movimiento indígena en parte de sus redes de clientela: Pais y Sociedad Patriótica. En las provincias del centro sur de la sierra (Cotopaxi, Tungurahua, Bolívar, Chimborazo y Cañar), la disputa se da entre Pachakutik, Pais y Sociedad Patriótica; mientras que el centro-norte (Cayambe, Tabacundo, Imbabura) la disputa se produce entre Pachakutik y Pais. En ambos casos se observa una presencia relativamente importante de fuerzas locales: Amauta Yuyay en Chimborazo, Poder Ciudadano (un desprendimiento de la ID) en Imbabura, o de partidos nacionales sin mucha presencia actual en el escenario político: el Partido Socialista en Tabacundo o el MPD en Imbabura. Lo que está en juego también es transparente, y los resultados de las juntas parroquiales no hacen más que corroborar lo que ya se había podido ver el 26 de abril: ¿podrá el movimiento indígena mantenerse y recomponerse como sujeto político autónomo, o caerá al rol de masa de maniobra de Pais o de Sociedad Patriótica? En este juego, Pachakutik ha servido como espacio de resguardo de esas posibilidades de autonomía política. 29
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5. Los votos nulos y blancos ¿Qué ocurrió en estas elecciones con el ausentismo y los votos nulos y blancos? El ausentismo se mantuvo en los niveles “históricos”, alrededor del 24%: 26% entre los hombres y 23% entre las mujeres. Puede sonar demasiado, pero entre nosotros no sabemos muy claramente qué significa el ausentismo: entre la automarginación y la migración caben aún muchas posibilidades. Es un nivel similar al observado en los últimos procesos electorales. Lo que no deja de ser significativo, si tomamos en cuenta el incremento del padrón electoral, sobre todo el aumento de votantes opcionales: los adolescentes de 16 a 18 años. Los votos blancos y nulos, por su parte, llegan casi al 13%. Pero acá se encuentra un comportamiento muy distinto en las áreas urbanas y en las zonas rurales, así como entre las provincias de mayor desarrollo económico y las provincias más pobres. En efecto, en las provincias de Pichincha, Guayas, Azuay, El Oro (igual que en las 2 provincias de creación reciente, Santo Domingo de los Tsáchilas y Santa Elena), entre otras, se presentan índices de votos nulos y blancos menores o iguales al promedio nacional: desde el 13% de Azuay hasta el 8.8% de Pichincha. En cambio, en las provincias postergadas de la costa y de la sierra, los votos blancos y nulos se incrementan notablemente (más de 16% en Cañar, más de 17% en Chimborazo, más de 18% en Bolívar y Cotopaxi, 19% en Esmeraldas...), o en aquellas donde existe una amplia población campesina poco atendida (como Manabí y Los Ríos, donde los votos nulos y blancos superan el 17%). Justamente, la mayor cantidad de votos nulos y blancos en relación con el número de votantes se encuentra en zonas campesinas e indígenas de la costa y de la sierra (en la costa, por ejemplo, en Mocache, provincia de Los Ríos, el 22,4% de los votantes sufragaron blanco y nulo. En la sierra, Colta y Guamote, en la provincia de Chimborazo, presentan índices de votos nulos entre 25 y casi 27%; Saquisilí, en Cotopaxi, supera el 24% de votos nulos y blancos. En fin, en Cangahua, Cayambe, Pichincha, más del 30% de los votos fueron blancos y nulos. Esto nos muestra la existencia de una zona “de sombra” donde no funcionan los mecanismos de integración a la política hegemónica y a su institucionalidad: ni los “modernos”, ni los “tradicionales”, ni los “ideológicos”, ni los clientelares. Sin embargo, casi nadie habla de eso. Los votos nulos y blancos son considerados como “no válidos” por la legislación electoral ecuatoriana; y parecen haber desaparecido también del horizonte visible de las reflexiones, incluso de las izquierdas, demasiado emocionadas quizás por sus éxitos institucionales.
6. Un pequeño paréntesis sobre la izquierda ¿Y la izquierda, en todo esto? Si mirásemos únicamente los resultados presidenciales, las conclusiones serían tristes y grises. La izquierda, si vale la aparente contradicción, aparece desaparecida del escenario político nacional. Por una parte, porque Correa ha absorbido y subsumido la mayor parte de la votación posible de las izquierdas (así como absorbió la mayor parte de la votación popular). Por otra parte, porque las fracciones de la parte de la izquierda que intentaron una participación en ese nivel terminaron errando el blanco. Una de ellas, el Polo Democrático, formó alianza con la RED de León Roldós para sostener la candidatura de Martha Roldós, pero la alianza terminó ubicándose en la centro-derecha y diferenciándose poco en su tonalidad discursiva final de la oposición de derecha propiamente dicha, a la que se le hicieron extraños guiños en los últimos días de 30
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campaña 9. La intención de voto que concitaba fue reduciéndose sistemáticamente a medida que se acercaba el 26 de abril, y finalmente consiguió solamente un 4% de la votación. Entre los sectores populares, su aceptación fue más bien limitada, y parece haber llamado la atención sobre todo de reducidos sectores medios urbanos. La otra presentó la candidatura del reconocido militante socialista Diego Delgado; pero se encasilló en el discurso ideológico, que puede juntar a ciertos sectores muy politizados, pero resulta insuficiente para dialogar con la conciencia de las mayorías; obtuvo apenas el 0,63% de la votación. En conjunto, lo que ya se venía advirtiendo desde el inicio de este período: frente a gobiernos más o menos progresistas, las izquierdas pierden el rumbo –y mientras unos se desesperan por subsumirse en ellos, mirando solamente las medidas progresivas emprendidas por el régimen, o los sentidos subjetivos que se atribuyen, otros cierran los ojos al nexo que une a estos gobiernos con las expectativas populares de cambio y transformación. La izquierda se vuelve un espacio vacío y facilita su colonización por los proyectos de reforma capitalista. Pero esto sólo muestra –a Dios gracias– una cara del asunto. La otra cara se expresa con cierta dificultad, pero aún con fuertes reservas de intuición política, a nivel local. Tanto el Movimiento Popular Democrático como Pachakutik lograron mantener, incluso extender, sus espacios. El MPD lo hizo poniéndose a la sombra de Correa, cuya candidatura presidencial apoyó “críticamente”. Pachakutik corrió solo, sin el auxilio de una candidatura presidencial exitosa. Pachakutik, sobre todo, mostró, pese a todas las limitaciones políticas y orgánicas, que aún se sustenta en la vitalidad de las organizaciones sociales de base, especialmente del movimiento indígena, y que todavía pudo captar aunque sea una muy pequeña porción del electorado crítico de las ciudades. Sus resultados numéricos pueden incluso sorprender: gana 5 asambleístas, 5 prefecturas provinciales, 27 alcaldías y un buen número de concejalías. Su presencia se mantiene fuerte en la sierra central y en el sur de la Amazonía; ello muestra vínculos efectivos o potenciales con luchas y conflictos que pueden ser centrales en el período inmediato: la minería, la tierra y el agua. Justo por eso se hace más notoria una seria limitación: “Su grave resultado es en el ámbito nacional” 10.
7. Hacia la segunda fase de la “revolución ciudadana” Con el nuevo triunfo de Correa, las elecciones del 26 de abril marcaron el fin de un momento y el inicio de otro. De ahora en más, nos enfrentaremos a la consolidación de la “revolución ciudadana”, salvo que la crisis mundial indique otra cosa. Hay una nueva correlación de fuerzas, hegemonizada por el proyecto de reforma capitalista que expresan Correa y Alianza País; la derecha tradicional, en sus formas espúreas o con nuevas caras, tratará de disputar espacios, presionar al gobierno, generar niveles de desconfianza y desestabilización, a partir de las bases territoriales que ganó, sirviéndose de la grandes empresas de la prensa escrita y televisiva, y beneficiándose del respaldo cada vez más explícito (y descarado) de las cúpulas eclesiales. En su primera evaluación del triunfo, Correa habló de la necesidad de dotarse de estructuras organizativas y ofreció “radicalizar” la “revolución” y el “socialismo del siglo 21”. Ha dado unos pasos primeros más bien simbólicos: un hotel de 9
Martha Roldós reivindicaba por igual las luchas campesinas antimineras como las protestas antiCorrea de los hijos de la oligarquía. 10 Floresmilo Simbaña: “Triunfos y derrotas”, cit. 31
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Guayaquil y 5 haciendas situadas en diversas provincias, todos ellos incautados por la Agencia de Garantías de Depósitos a los banqueros Isaías, han sido o están por ser vendidos a los trabajadores y campesinos. Actos simbólicos, pero apenas un complemento menor en el proyecto de reforma capitalista. El Plan Nacional de Desarrollo, elaborado por la Secretaría de Planificación y alabado por el presidente, apunta a transformar el eje de acumulación: de la exportación de bienes primarios a la producción y exportación de servicios; si bien en un primer momento el proyecto piensa apuntalarse con el desarrollo de la minería. Nada, sin embargo, que ponga en cuestión las relaciones de propiedad. Por el contrario, el gobierno mantiene su empeño de estimular la buena salud del capital, de generar condiciones generales válidas para todas sus ramas y fracciones, y cada vez más apegado a las fracciones más modernas, aquellas que, junto a su fuerte presencia en el mercado interno, están desarrollando, si bien de reciente data, su inserción activa en los flujos globales del capital, en los mercados externos, en las sociedades con grupos capitalistas internacionales, no excepcionalmente con grupos centroamericanos, peruanos, chilenos,... Expresan los reacomodos y realineamientos del capital, las nuevas condiciones de existencia y acumulación de los capitales y, en fin, la formación de una burguesía regional. La relación de fuerzas que se construye ante nuestros ojos se completa con lo que pueda hacerse en recomponer la presencia de los movimientos sociales y de la izquierda. Está por verse. Pero los resultados electorales, pese a todo y a los sentidos contradictorios de algunos triunfos, muestran mayores potencialidades que las que se alcanzaban a vislumbrar antes del 26 de abril. Quito, 20 de mayo - 23 de junio 2009
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Rosa Elena Tránsito Amaguaña Alba, una revolucionaria En reconocimiento de sus 100 años de vida
Elizabeth Rivera y Floresmilo Simbaña Las cargadas proclamas de resistencia acompañaban el cortejo fúnebre que descendía por el empedrado camino rumbo a la tumba construida en la hacienda La Chimba. El cortejo pintaba el paisaje con banderas rojas, violetas y wipalas multicolores, evocando un nostálgico cuadro político, propio de los años 60: esos tiempos cuando la voz de Mama Tránsito convocaba las marchas. Descendimos envueltos en cantos, conversas, recuerdos. Todos se agolpaban alrededor de la tumba, querían acompañar a la líder en su descenso, y una pamba mesa nos servía de consuelo. La alegría, no faltaba, nos acompañaba su sonrisa. Llegamos, la hacienda La Chimba ¡allí se quedaría!
A más de un siglo de la inconclusa revolución liberal alfarista, la muerte de Tránsito Amaguaña pone en escena la problemática de la tenencia de la tierra, los derechos laborales, las inequidades económicas, conflictos que hasta la actualidad siguen sin resolución. Así sentimos quienes acudimos a la cita, la última en presencia de Transito Amaguaña, bajo el cobijo frío del volcán Cayambe, en la inmensidad del páramo de La Chimba, el lugar de origen de su lucha y de su muerte; esa fue su elección. Dicen que dormida se quedo y así, sin más, no despertó. Este año, en septiembre, cumpliría 100 años de vida. Murió rodeada de su gente, no en soledad ni encerrada en “riquezas materiales”, pero su pueblo le prodigó un gran reconocimiento. Su existencia puso sobre escena una actualización del debate entre el “progreso” y el “prestigió” como objetivos de vida. A esta cuestión ella contestaba enérgicamente: “Yo he viajado y he caminado por todos los lugares, pero nunca he negociado con la sangre de mis hermanos”. Sus 33
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palabras y acciones nos llenan de luchas presentes y futuras; son el desafío permanente para seguir pensando, soñando en una nueva sociedad, en un nuevo modelo de Estado; también nos muestra un modelo de dirigencias a construir y de esas nuevas mujeres que son ahora una columna central del movimiento indígena. Ella ha devenido en lugar de manifestación, de marcha, de convergencia, de levantamiento y de protestas actuales. Hemos recordado las palabras de otras luchas, de otros años. En el 2006, con un homenaje a Mama Tránsito en ese mismo lugar, se anunciaba y daba inicio a las movilizaciones en defensa de la vida: ¡No al TLC, fuera Oxy, No Plan Colombia, Sí una nueva Asamblea Nacional Constituyente! Allí se dijo: “Juntos defenderemos la vida de los pobres del país, de los principales recursos naturales como el agua, los páramos, la agricultura, las tierras y las semillas” (12 de marzo del 2.006). Hoy, frente a todas y todos, autoridades, dirigentes, mashikunas, camaradas, de ayer y hoy, se volvió a lanzar la necesidad de la revolución agraria: “sin una revolución agraria, ninguna revolución es verdadera”, sentenció el Presidente de la ECUARUNARI; “ese es el mejor homenaje que le podemos dar a Tránsito Amaguaña”, insistió a todos los presentes, y desafió al Presidente de la República, que asistió a los funerales.
Su proyecto de cambio social ¿Cuál fue el proyecto político por el que Tránsito Amaguaña luchó? ¿cuál fue su importancia histórica? En sus cien años de vida se ocupó, hasta que sus fuerzas le permitieron, por la abolición del trabajo precario de los huasipungueros, luego por la recuperación de la tierra por parte de los indígenas y campesinos; la reforma agraria fue la lucha estratégica, pues esta era la condición indispensable para pensar en una revolución, en un nuevo país. El derecho a fortalecer la cultura propia fue otra de las luchas trascendentales, por eso fue parte de la construcción de las escuelas bilingües (kichwa-español) clandestinas. Para que estos objetivos sean posibles, con esa misma energía se afanó por la construcción de la organización de las comunidades indígenas y, en esa misma medida, por el fortalecimiento organización política; no olvidemos que ella era dirigente de la Federación Ecuatoriana de Indios, FEI, y militante del Partido Comunista del Ecuador: “Me afilié al Partido Comunista por pobreza, por maltrato, porque había que cambiar las cosas” 11. Fue una de las principales dirigentes indígenas que enfrentó las dos reformas agrarias que el Estado implementó, ambas bajo regímenes militares. Desde el punto de vista del poder, las reformas cumplieron sus objetivos; y es que para la década de 1960 la economía ecuatoriana, basada en la producción agraria de la gran propiedad hacendataria, donde subsistían fuertes relaciones sociales y de producción precapitalistas, por encima incluso del poder estatal, resultaba estructuralmente antagónica con la expansión capitalista asentada en capitales transnacionales. El Ecuador necesitaba “modernizar” su economía para refrendar un nuevo tipo de inserción en el mercado internacional (Moncada, José. 1979); por ello, las dos reformas agrarias afectaron a un bajo porcentaje de tierras de baja capacidad productiva, sobre todo aquellas que estaban bajo el dominio del Estado, y otras fueron puestas en manos del mercado. En cambio con las más productivas se propició una modernización capitalista, vía agroindustrialización de las antiguas haciendas. 11
Miño Grigalva, Cecilia, entrevista con Tránsito Amaguaña, La Chimba, diciembre 2004. 34
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Detrás del sistema de haciendas descubrió el peso de la herencia colonial, los trabajos sin paga, el analfabetismo, el desarraigo de la tierra de la que otros se hicieron dueños -de no creer ¡propietarios de la allpa mama! Este desvirtuado y truncado proceso de reforma agraria no significó la derrota del movimiento agrarista, sino su transformación. La reforma agraria, “al liberalizar a los indios del sistema de hacienda y de las relaciones de servidumbre, creó las condiciones para Pueblos indígenas, Estado y democracia la recomposición de la comunidad india” (Moreano, 1993: 74). Los campesinos que pasaron a ser pequeños propietarios libres encontraron en la comunidad el espacio de reintegración y de unidad social, política y cultural; no sólo como espacio físico sino como entidad histórica y realidad cultural que diera pie a la conformación del actual movimiento indígena nacional. En esta transición, la figura de Tránsito Amaguaña tuvo –tiene– un doble significado, que redunda a su vez en figura histórica con plena vigencia. Por un lado es la gestora de la insurgencia del movimiento indígena ecuatoriano, la luchadora por la reforma agraria; y, por otro, el símbolo señero y la referencia de entrega y militancia por la revolución. Hoy estos elementos se actualizan y cobran importancia en los procesos de reconfiguración del Estado ecuatoriano que estamos viviendo. La posibilidad real de reconstrucción de la propuesta alternativa de Estado Plurinacional, que devuelva a la sociedad, y a los pueblos y nacionalidades, el control de sus instrumentos políticos organizativos, y que no termine siendo anulada por este, sustituida en su proceso de transformación. Sobre todo representa esa otra propuesta, que contradice a toda mera experimentación tecnocrática; o, como diría José Moncada, “…el auténtico desarrollo de un país como el nuestro no solamente es una tarea técnica-económica sino un problema fundamentalmente social y político”. Otro de los elementos fundamentales que encarna Tránsito Amaguaña es el internacionalismo, que aprendió de andar por el mundo, un mundo dividido, en su época, fruto de la guerra fría, en capitalistas demócratas y comunistas; ahí, en donde ser india, de izquierda, y pobre se pagaba con la cárcel, pero se ganaba en saber y dignidad: aprendió a leer en Cuba, por eso la bandera de este país la acompañó el día de su muerte. En la actualidad los “huachofundios” han lanzado a muchos indígenas a las agroempresas en condición de trabajadores informales o a tiempo completo en jornadas que no respetan las 40 horas laborables, conquista de los trabajadores. Y han transformado a la migración en un problema de desintegración comunitaria y familiar. Su camino fue largo y de encuentros, de militante de la comunidad a militante del partido comunista, de constructora de la FEI a entablar alianzas con otras mujeres, Dolores Cacuango, Nela Martinez, María Luisa Gómez de la Torre. Emprendiendo luchas organizativas: los sindicatos agrícolas, la FEI, las escuelas en propia lengua (kichwa). Y sus frustraciones: el declive de los sindicatos agrícolas, pero también el surgimiento de nuevas propuestas desde los indígenas: la construcción de la Ecuarunari. Todos estos elementos le convierten ahora en mama Tránsito, como parte de los imprescindibles de los que habla Bertolt Brecht, “los que luchan toda la vida”. Por esto es el símbolo de las actuales luchas por la reforma agraria: agua, soberanía alimentaria, gobiernos comunitarios territoriales. La memoria histórica, necesaria para preservar las acciones anteriores, exige sumar nuevos espacios de lucha, que junten y permitan la plena liberación de las
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nacionalidades y pueblos del Ecuador, en un todo con los procesos populares, recordando el lema de los levantamientos: “Nada solo para los indios”.
Tránsito Amaguaña, hija de su tiempo A personajes de importancia histórica generalmente suele querer reducírseles sus memorias a aspectos meramente morales: gente de buena fe, comprometida, luchador-a, no ambiciosa, humilde, etc. Tránsito Amaguaña no sería la excepción: de ella se quiere olvidar deliberadamente su perfil contestatario, su militancia política, su filiación socialista, su accionar colectivo y sus capacidades de conductora y gestora de propuesta frente a los problemas de su época. Por ello vamos a situar algunos elementos a los que se enfrentó con perseverancia. La reacción de los campesinos e indígenas huasipungeros, que iniciara en los años 20, representa el agotamiento de la revolución liberal, que no dio respuesta al problema de la tierra. Las reformas que traspasaron la propiedad de la tierra en manos de la iglesia al Estado a través de la ley de “manos muertas”, expedida en 1906, y la ley de Beneficencia, de 1908; no resolvió en nada la injusta división de la tierra, pues, una vez más los indígenas, los llamados “naturales”, fueron dejados de lado en el reparto; de esta manera, la República perpetuaba las condiciones de despojo y expropiación de la época colonial. Una vez vencido todo vestigio de liberalismo radical con el asesinato de Eloy Alfaro y la derrota militar de Carlos Concha, el Estado empezó a trasladar las tierras expropiadas a manos de los nuevos terratenientes, no como propietarios, sino como arrendatarios, pero que en la práctica ostentaban la condición de tales. Mediante esta política estatal llegaron, a partir de 1912 (cuando no se enfriaba todavía el cadáver del viejo luchador) a Cayambe varios arrendatarios para tomar posesión de las haciendas e incrementar la producción de las tierras. En 1926 es precisamente en estas haciendas de la Asistencia Pública, arrendadas a particulares, donde se inician los procesos de lucha contra las relaciones semifeudales de explotación dentro de las haciendas. La ley de jornaleros, expedida en 1916, generó duros debates y polémicas, especialmente las protestas de los terratenientes serranos que buscaban mantener el concertaje de los “indios”. Sin embargo, en la práctica, las relaciones de trabajo en las haciendas eran las mismas; no solo de explotación, sino también de discriminación y servidumbre. Pero son las repercusiones de la revolución rusa las que estimulan las luchas y abren cauces para el surgimiento de corrientes socialistas y de radicalización de la militancia política de varios grupos liberales. Las marchas fueron uno de los instrumentos de lucha escogidos por los indígenas. Las jornadas de recorridos hacia Quito iniciaron en los años 20; entre los marchantes encontramos a dirigentes como Dolores Cacuango, Jesús Gualavisí, Juan Albamocho, Mercedes Alba (mamá de Tránsito Amaguaña), entre otros. Tránsito empezó a acompañar a su madre en estos recorridos desde los 15 años de edad. Las primeras reivindicaciones que empujaron las organizaciones fueron: mejores condiciones en el trabajo, elevación de salarios y su pago en efectivo, jornadas laborales justas y regulación del trabajo de las mujeres (por la violencia y violaciones a las que se les sometía, además de la explotación). La lucha por la tierra fue surgiendo en estos procesos de lucha; por ejemplo, los sindicatos agrícolas de Cayambe tomaron la iniciativa al exigir expropiaciones de haciendas, empezando por
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la de Changalá, de la zona de Juan Montalvo, de donde era huasipungero Jesús Gualavisí. Es en este punto donde se fueron encontrando, y coincidiendo con las demandas y procesos de corrientes socialistas emergentes, que a parir de la conformación del partido socialista en 1926, apoyaban y estimulaban la construcción de sindicatos agrarios y de “indios”. En 1930, el proceso de organización de los campesinos e indígenas, a través de los sindicatos agrícolas, tuvo en la huelga de Pesillo y en la toma de la hacienda Changalá, en Cayambe, dos de las expresiones más fuertes del ascenso de la lucha del campo ecuatoriano. Se elaboró demandas que incluían la supresión de la violencia física contra los trabajadores de haciendas, eliminación de la sobreexplotación de los “indios” mediante un reordenamiento del sistema de haciendas, cambio en las relaciones laborales; por ejemplo, la suspensión de la “obligación de reposición” 12, y el cambio de la situación de las mujeres indígenas y su situación de violencia física, sexual y moral; se pide la creación de una escuela y asistencia médica gratuita para los enfermos. Los hacendados terratenientes y el gobierno respondieron con represión: fueron saqueadas sus casas, perseguidos, torturados y exiliados algunos dirigentes. Estas políticas represivas obligaron a Tránsito Amaguaña y a su madre a vivir en la clandestinidad por varios y largos períodos. En enero de 1931, en las haciendas de Pesillo y Muyurco, los arrendatarios y representantes del gobierno de Isidro Ayora llegaron a un acuerdo: respeto de las 8 horas laborales, remuneración para el trabajo de las mujeres e hijos de los trabajadores de haciendas y no despido injustificado. El 8 de febrero de 1931, se convoca al “1er. Congreso Campesino”, que debía realizarse en Juan Montalvo, parroquia del cantón Cayambe. A la cita acudieron delegados de varias provincias; el propósito central era la constitución de la Federación nacional de indios. Pero el congreso no pudo reunirse; el gobierno impuso orden de sitio en Cayambe e impidió el ingreso de los delegados. Sin embargo, el proceso de unificación nacional de los sindicatos agrarios se había iniciado. Tránsito Amaguaña recuerda que cuando en 1931, llegan a Quito, a la cabeza de 141 indígenas, en otra marcha desde Cayambe, el gobierno los recibe con represión a bala, muchos de ellos fueron apresados. Sin embargo insistieron en tener audiencia con el Presidente; cuando finalmente lo consiguieron, éste les aconsejó “…que fuéramos humildemente ante los patrones a rogarles que nos permitan regresar a las haciendas” 13. Fruto de las persecuciones, muchos líderes y familias se vieron obligados a reubicarse o trasladarse luego de ser despedidos de las haciendas; ese fue el caso de las familias Cacuango, Amaguaña, Ulcuango, Lechón y otras más. Pero a donde fueron reiniciaron la organización, llegando a crearse así la “Unión Sindical de Pichincha”, en 1936. Fruto de la lucha en ascenso de los sindicatos agrícolas, en 1937 el Estado expide la ley de comunas y en 1938 el Código del trabajo, permitiendo la construcción de sindicatos y comunas jurídicas. La relación del movimiento campesino y de sus principales dirigentes, entre ellos Tránsito Amaguaña, con el Partido Comunista del Ecuador, se fragua en los sindicatos indígenas de Cayambe y en las actividades desempeñadas en la ciudad de Quito, donde, para sostener las audiencias y los trámites burocráticos, se necesitaba de asesoría jurídica. 12
La “obligación de reposición” consistía el deber del trabajador o huasipunguero a pagar o devolver por la pérdida de un bien de la hacienda. 13 Diario El Comercio, 13 de marzo de 1931. 37
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En los años 40, bajo el paraguas de la Ley de comunas, se abrieron otros procesos organizativos y se re-significaron los existentes. Se crea el cabildo como instancia de organización, de resolución de conflictos y, sobretodo, de gobierno de los comuneros. En Bolívar, Imbabura, Chimborazo, Cotopaxi la gente se organizó en cabildos para pelear frente al Estado las reivindicaciones que se venían esgrimiendo desde los años 20, a los cuales se suman otros como el derecho de no pago de impuestos y la seguridad social. En estas circunstancias se empieza hablar de la “cuestión indígena”, refiriéndose a las condiciones de explotación, discriminación y herencia histórica de los “indios”. Estos son los procesos que dan origen a la constitución de la Federación Ecuatoriana de Indios, la FEI, en 1944. Su creación no estuvo alejada del movimiento general de la lucha de clases: la firma del protocolo de Río de Janeiro, que cercenó al Ecuador de un gran territorio, la insurrección de 1944, conocida como “la Gloriosa”, que tumbó la dictadura de Arroyo del Río, convocó una nueva Asamblea Constituyente y puso a Velasco Ibarra en la presidencia. En los lineamientos programáticas de la FEI constaban la distribución de tierras y aguas, la elevación de los salarios, la rebaja de las jornadas y tareas de trabajo, el desarrollo de la pequeña propiedad y créditos, el seguro social, la protección del trabajo de las mujeres indígenas sin discriminación en relación al hombre, la prohibición del trabajo de menores de 14 años, el derecho a la educación en su propio idioma, el sufragio universal y la elección de las autoridades de las poblaciones indígenas mediante el voto de sus habitantes, el fuero especial en materia penal. Algunos de estos puntos fueron ejecutados mediante acción directa; ese fue el caso de la educación de los niños indígenas en su propio idioma. Dolores Cacuango fundó las primeras escuelas bilingües en 1945, en San Pablo Urco, y Tránsito Amaguaña hizo lo propio en La Chimba, Pesillo y Muyurco. Estas escuelas eran clandestinas, obligadas por la persecución y la prohibición, tanto del gobierno como de los hacendados; sus dirigentes y profesores fueron perseguidos. La primera vez que Tránsito fue hecha prisionera fue por fomentar la educación. Con este acumulado se enfrenta las dos reformas agrarias de los años 60 y 70, que se desenvolvieron en medio de dos fuegos: por un lado, la movilización continental del campo contra el gran latifundio y la perspectiva revolucionaria a partir de la revolución cubana, y, por el otro, la expansión de posguerra del capital, que en el Ecuador se expresaba en proyectos de industrialización y de modernización agraria. La derecha y el imperialismo enfrentaron la crisis política mediante la unidad de las oligarquías agrarias, los sectores financieros, el sector comercial vinculado al capital internacional y el incipiente sector industrial; pero también con fuertes vínculos al capital internacional y a las burocracias estatales y militares. De esta manera manejaron los períodos de dictaduras militares, el último velasquismo, la industrialización, los inicios de la era petrolera, las reformas agrarias y, sobre todo, la creciente movilización popular. Las organizaciones populares y los dos partidos de izquierda, el socialista y el comunista, no pudieron resistir la arremetida, y, luego de grandes movilizaciones realizadas entre 1973 y 1979, fueron derrotados, sobre todo los procesos más revolucionarios. Con la derrota del campo popular, las “viejas” organizaciones, entre ellas la FEI, y organizaciones políticas, como los partidos comunista y socialista, inician marcados procesos de reflujo. El retorno a la democracia, el surgimiento de fuertes partidos políticos (Izquierda Democrática –ID–, Democracia Popular –DP– y 38
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Partido Social Cristiano –PSC–), y el triunfo de Jaime Roldós Aguilera son productos de la derrota de la izquierda revolucionaria. De aquí en adelante surgirán nuevos escenarios políticos, nuevos procesos y organizaciones: el impulso de la FEI se agota y abre al camino de la ECUARUNARI, y con ello el surgimiento de la CONAIE en 1986. La CONAIE, con el levantamiento indígena de 1990, marcaría el inicio de un nuevo período de irrupción de los pueblos indígenas. Así que la CONAIE no representa la ruptura con la FEI, sino su continuidad y desarrollo en un nuevo escenario y en nuevas condiciones. Por eso dirigentas como Dolores Cacuango y la misma Tránsito Amaguaña devienen en conciencia histórica y ejemplo de lucha y militancia política.
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